¿Por qué la diversidad sexual tendría que implicar desigualdad social?

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Gisela Sánchez Díaz  | Activista.-

La pregunta la hicieron las feministas en los 70: ¿Por qué las diferencias entre mujeres y hombres implican desigualdad social para las mujeres?  No está en los genes ni en la biología la explicación de las brechas económicas, educativas, laborales, salariales, etc.  Es la historia, el contexto cultural, económico y político, el que ha construido esas desigualdades que se agravan  cuando además de ser mujer, se es pobre, se pertenece a una etnia,  se tiene alguna discapacidad, se es joven o vieja o se es lesbiana.  Las estadísticas muestran que son las mujeres, los jóvenes, quienes pertenecen a una etnia, ó tienen una identidad sexo-genérica  disidente; ellas son las personas que tienen  mayores desigualdades sociales acumuladas.

Ser diferente a lo heterosexual normativo,  no tiene por qué implicar desigualdad. 

En México, varios artículos de la Constitución garantizan la igualdad y no discriminación, bajo la premisa de que todos los seres humanos tenemos los mismos Derechos Humanos. Especialmente los  artículos 1º y 4º, constitucionales en los que se garantizan la igualdad y la no discriminación por motivo de orientación/preferencia sexual e identidad de género, los derechos sobre el número y espaciamiento de hijas/os, y sobre la libertad sexual y reproductiva de las personas.  Es decir, nadie puede ser excluido del   derecho a la igualdad política, económica, social y cultural: niñas, mujeres, población LGBTIQ.   

Sin embargo, estamos siendo testigos de cómo los grupos conservadores no sólo abonan a la construcción de  la desigualdad social para  las personas diferentes a la heterosexualidad normativa, negándoles su derecho a casarse y tener hijos, sino que además  están fomentando el  odio y la exclusión, lo cual es muy grave por las consecuencias de violencia homofóbica que puede haber: crímenes de odio como los ocurridos recientemente en  las masacres de Orlando y  de Xalapa Veracruz.

El discurso marca, señala para aceptar o rechazar, para reconocer o excluir. El ataque  y la falta de respeto a personas  lesbianas y homosexuales, las marchas  contra el matrimonio igualitario y adopción por parejas del mismo sexo  son eventos  peligrosos,  pues sabemos que después del marcaje sigue la violencia.

Los discursos irrespetuosos,  no solamente están negando el reconocimiento de humanidad a quienes se reivindican con  diferentes identidades. La falta de reconocimiento va junto con la exclusión del acceso a recursos culturales, económicos, políticos: todos los derechos que derivan del matrimonio como seguridad social,  vivienda y otras prestaciones. La mayoría de personas  trans, aún están excluidas del acceso a  la educación  superior  y trabajos dignos.

Por otro lado, quien puede cumplir los requisitos  de la “familia natural”: ¿Padre-madre-hijo?  La mayoría tendríamos que asumir  que no somos la familia ideal, que las familias somos cada vez más diversas y heterogéneas: familias  uniparentales; familias re-compuestas con tus hijos, mis hijos y  nuestros hijos; familias extensas, familias unipersonales, sin núcleo conyugal, etc.  Según la CEPAL,  en Latinoamérica en  el 2005,  apenas el 20.9% de las familias  eran familias nucleares tradicionales patriarcales.

Asumirnos parte de esa diversidad, señalar que nuestra familia no es la “familia natural”, permitiría un movimiento social que valore, aprecie  y reconozca la diferencia; al mismo tiempo  que demande la igualdad en derechos para todos. Todas las Familias, todos Los Derechos. El Amor Hace a las Familias. Ω

Fb: Salud y Género A.C.

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