Para leer al pato Donald

Agustín Escobar Ledesma | Escritor.-

Después de un embarazo sorpresivo e inesperado, tal vez por no usar condones, el viernes 20 de enero de 2017, la Unión Americana dio a luz a un engendro rollizo, racista, misógino, clasista, xenófobo y machista que, aún antes de haber nacido, desde que fuera detectado por el ultrasonido en el vientre de la susodicha señora gringa, ya había aterrorizado, entre otros, a los mexicanos y a los empresarios de Ford, Chrysler y Toyota que, de inmediato, corrieron de regreso a casa con sus cochecitos, antes que “el producto” les impusiera medidas fiscales que mermen sus ilimitadas ganancias en México, país en el que la mano de obra, como bien lo dice la canción “no vale nada”.

Desde la cavidad amniótica el engendro arrojó a la cara de los mexicanos una serie de improperios: ladrones, asesinos y violadores, cuando él mismo todavía se encuentra ensangrentado por las dentelladas que le diera a México, de 1846 a 1848, devorando la mitad de nuestro territorio nacional, quedándose con California, Texas, Nuevo México, Arizona, Nevada, entre otros.

La Unión Americana, entusiasmada y temerosa, con su hijo número 45 en brazos, no sabe de qué manera contener el hambre de su vástago y recuerda que desde antes que se le rompiera la fuente, alcanzó a asestar algunos mordiscos al peso mexicano y a otras monedas extranjeras que encontrara en despoblado.

Y es que, desde antes del parto, a quien una vez nacido bautizaron con el nombre de personaje de Disneylandia, ya estaba maquinando que su futura madriguera estuviera protegida por una muralla en la frontera sur, puesto que alguien le susurró al oído que los chinos habían realizado algo similar ante los saqueos y ataques de los mongoles, levantando la Gran Muralla China, entre el siglo V a. C. y el XVI. Esto le pareció una ideota y desde entonces afirma que no solamente la levantará, sino que los mexicanos pagaremos por ella. Qué lástima que, al igual que Visonte Fox, el pato gringo sea un iletrado, porque de otro modo, se habría enterado que Carlos Fuentes escribió que una cultura que se aísla de las otras, es una cultura moribunda.

Los asesores del ave de mal agüero le han aconsejado que si levanta una atalaya en la frontera con México, impedirá el acceso de marijuana, éxtasis, crack, morfina y heroína, las drogas favoritas que figuran en el top ten de los descendientes de los 102 puritanos peregrinos quienes, en 1620, desembarcaron del barco Flor de mayo (Mayflower), en las costas del Continente Americano, en busca de crear una Nueva Jerusalén, aunque para ello tuvieran que masacrar a sangre y fuego a los integrantes de los pueblos originarios, con tal de arrebatarles tierras, ríos, costas, mares y montañas. Galeano lo dice mejor: “Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: “Cierren los ojos y recen”. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”.

Cientos de años después, en el que los colonos etnocidas por vocación divina, llegaran al Orbe Novo, de sus cenizas ha surgido este peripatético personaje de terror, propio de la temporada de Halloween, cuya sola presencia en la Casa Blanca, ha calentado la esfera política global y amenaza con romper el frágil equilibrio mundial en cualquier momento.

Con el pato empoderado se puede esperar el principio del fin porque, como bien señalan los integrantes de un pueblo originario, habitantes de la selva colombiana, la cultura occidental es como un niño berrinchudo que destruye todo lo que tiene a su alcance. Hoy, lamentablemente, el hijo 45 de la Unión Americana, cubre con creces el perfil señalado por los sabios ancianos que conviven con la Naturaleza.

Lo cierto es que jamás en la vida del imperio, fundado por Adams, Franklin, Jefferson y Washington, entre otros, después de la Revolución de las Trece Colonias, ningún presidente gringo, por lo menos desde el surgimiento de la Unión Soviética, de 1922 a 1991, como un estado federal marxista-leninista, había osado coquetear, y ser correspondido, con los rusos, su acérrimo y odiado rival. Hoy, el Pato y Putin caminan tomados de la mano en un romance que es como la mezcla del agua con el aceite. ¿Por qué tanto amor? Piensa mal y acertarás, dice el popular refrán.

Ahora sé por qué nunca me gustó la aparentemente inofensiva caricatura del pato Donald, aunque años atrás, con la lectura del libro “Para leer al Pato Donald. Comunicación de masas y colonialismo”, que Dorfman y Mattelart, publicaran en 1971, pude entender que las historietas de Walt Disney son un referente de la ideología de la clase dominante, además de que han sido cómplices activos y conscientes de la tarea de mantenimiento y difusión de esa ideología.

No es ninguna casualidad que el histórico líder cubano, Fidel Castro Ruz, señalara que los niños de nuestro país, conocen más y mejor a Mickey Mouse y al Pato Donald que a los héroes patrios, refiriéndose a Miguel Hidalgo, José María Morelos y Pavón y Josefa Ortiz de Domínguez, entre otros.

Ahora, después del inesperado alumbramiento del peligroso palmípedo que ocupará la Casa Blanca, los mexicanos estamos a la espera de la solución final, que nos impondrá el Pato salvaje que todos los días grazna en Twitter.Ω

FB: Agistín Escobar Ledesma

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