Manos mágicas (Las virtudes de tu mujerío…)

Rubén Sánchez |  Escritor.-

El Excélsior y el Diez de mayo

Atesoro un hermoso recuerdo: bajo el ardiente sol de mayo, llegaba de la escuela arrastrando los pies, bajo el peso de la enorme mochila. En días desafortunados, con aquella hambre atrasada, me asomaba ansioso a la despensa y ya frente a ella: ¡el desencanto!  Con desaliento veía cosas tan a despropósito: un sobre de sopa por acá, una bolsa de arroz más allá, una botella con aceite, un frasco de sal, unos cubitos de consomé. Entonces ella, mi madre, metía las manos a un delantal encantado y como si fuese la chistera de un mago, sacaba las monedas justas para comprar las tortillas. Y otra vez, refunfuñando salía al sol de mayo por los mandados. Y entonces, al regresar, la magia había sucedido. Se llenaba el patio del aroma de la sopa de fideo, los frijoles en su hervor en la olla de barro y algún guisado inundaba todo el ambiente, al influjo de sus sortilegios. Es por ello que coincido con lo que dice Elena Poniatowska: “Las mujeres tenemos la obligación, yo diría virtud, de dar de comer al mundo”, en el prólogo del libro “Como agua para chocolate”, de Laura Ezquivel. ¡Claro con el Don de la magia que poseen en sus manos!

Por asociación, llego a otro recuerdo: Don Rafael Alducin era un hombre bueno y así lo parecía de lejos. De cerca lo confirmaba: amable, bonachón y buen conversador. Lo conocí cuando trabajé para la Comisión Nacional  de Fruticultura (Conafrut), una de las tantas paraestatales creadas por “Obra y gracia del gasto público” en tiempos del “Populismo” de los setenta y extinguida a la llegada del “Neoliberalismo” de los  noventa, del siglo pasado. Su padre, fue fundador del periódico Excélsior, que ha sido gran referente en la vida del periodismo nacional. A la prematura muerte de Alducin padre, con el tiempo pasó a ser una ejemplar cooperativa y alcanzó su mejor momento bajo la conducción de Julio Scherer García, sobre todo de 1968 a 1976, año en que fue, mediante una sucia maniobra política, expulsado, como lo narró Vicente Leñero en su libro “Los periodistas”. Sin embargo, sin ser su propósito, Luís Echeverría esparció las simientes de un nuevo periodismo, ejemplificado en el nacimiento del periódico “Uno más uno”, la Revista “Proceso” y “La Jornada”, medios integrados por periodistas con la escuela de Scherer y Excélsior.

En 1922 en ese diario se echo a andar una campaña, en la cual se propuso el diez de mayo para celebrar a las “Madrecitas”, para que todos los mexicanos celebren y rindan homenaje a la mujer “que les dio el ser” y que “ha cumplido su santa misión llena de sacrificios y dolores, con entereza, abnegación y ternura”, según rezaba un anuncio de la época. Bien pronto prendió su idea y a ella se sumaron todos los intereses mercantiles, para materializar convenientemente ese amor profesado por el noble hijo, por supuesto, en un buen regalo. Decía un anuncio de ese tiempo: ¿Ha pensado usted en la manera de agasajar a la autora de sus días? Sugerimos le obsequie alguno de los siguientes objetos: Un reloj pulsera, un libro selecto, un juego de te, un sombrero de moda, un fonógrafo nuevo, un piano automático, un par de guantes, una caja de medias, un corset confortable, un estuche de bombones, una batería de cocina, unos gemelos para teatro, un necessaire para costura, un surtido de lencería. Y en otro promocional sugerían: fragantes flores y castos besos. Como lo sabemos, los castos besos no tienen precio, pero las flores si lo tienen y desmedidos, sobre todo en esos días. Escribe Marta Acevedo en su libro “El Diez de mayo”: Ese día de mayo de 1922 se realizaron festivales en varios puntos del país. No había una sola persona que no llevara un ramo en la mano o una flor en el ojal. Es probable que desde  entonces, a las múltiples cualidades de las mujeres, se les haya agregado el estoicismo ya que, además de los dolores de la maternidad y los dolores de cabeza por los desmanes de los hijos, bien que han soportado el ardiente sol de mayo, en el patio de las escuelas, en las que han dispuesto las bancas para recibir a “las madrecitas” y homenajearlas. Y después de una larga espera da inicio el festival en su honor, a través de un micrófono en el que difícilmente se entiende lo que dice el Maestro que hace las veces de conductor: “Y ahora con ustedes, los alumnos de primero “A”, cantarán “Las Mañanitas”… Enseguida los niños de segundo “B” y tercero “C”, declamarán este sentido poema “Si tienes una madre todavía”… Los alumnos del cuarto año “D” bailarán esta bonita Polka: “El Cerro de la Silla”. “Como último número…”. Ya para ese entonces ajustaban más de dos horas, y aunque el calor había hecho estragos, ellas sonríen y casi al borde de las lágrimas más que contemplar, admiran, las torpes evoluciones de sus  criaturas. 

El persistente Feminismo

En el sureste, en la Península de Yucatán, la corriente opuesta a esta celebración proponía otro tipo de reconocimiento a las mujeres. El general sonorense, Salvador Alvarado, lector de Flores Magón y gobernador de 1915 a 1918, había sentado antecedentes de una revolución más afín con el socialismo. Sus reformas se encaminaron a promover la enseñanza escolar “Racionalista”, para combatir el fanatismo religioso, dar oportunidad a que las propias mujeres discutieran su situación social y política, el cual se dirimiría en el Primer Congreso Feminista en Yucatán. Felipe Carrillo Puerto  gobernador de Yucatán a partir desde el primero de febrero de 1922, justo antes de la campaña iniciada por Excelsior, militante del Partido Socialista del Sureste, desde muy joven había participado con Emiliano Zapata, es portador de algunas de las ideas puestas en práctica en su efímero gobierno: implanta la escuela “racionalista”, impulsa las ligas feministas y se opone a los espacios “sólo para hombres”: cantinas, prostíbulos y palenques. Más de cincuenta años después fue cuando prosperó esa idea. En 1975 se declaró por primera vez el “Año Internacional de la mujer”. Como han pasado los años, como han cambiado las cosas cantaría Rocío Durcal.

… Las virtudes de tu mujerío

A la larga, triunfó la propuesta del Excélsior y duraron sus homenajes hasta los años setenta, cuando era evidente que el mundo, la sociedad y la mujer habían cambiado tanto.  Ya no usaban sombreros ni pañoletas para entrar a misa ni blusas ni faldas a las cuales Ramón López Velarde exaltaba en su Suave Patria: “…como a niña que asoma por la reja con la blusa corrida hasta la oreja y la falda bajada hasta el huesito”. Es claro que el poeta zacatecano se refería al huesito del tobillo y no el hueso iliaco de las caderas de las actuales muchachas, que muchas exhiben. La falda,  a principios de los setenta había empezado a subir hasta alcanzar afortunadamente, alturas de vértigo; los pantalones ya no eran prenda masculina exclusiva y la participación de la mujer en el trabajo y su decidido aporte a la economía familiar era un hecho. Ahora las vemos en la construcción, gasolineras, en los cuerpos de seguridad, operadoras de transporte, manejando autobuses, el “metro”, o bien como gerentes de muchas empresas y hasta de Presidentas de Repúblicas, “seguramente bananeras”, como dirían los antifeministas. Además, siempre han sido dueñas de la alegría y una risa franca, tal como las vemos en los restaurantes a la hora del desayuno, tal como las vemos en las fiestas bailando solas o entre ellas… O bien siempre amarradas a un niño, que tal parece fuera su ancla, ya que si le suelta la mano es probable que se vayan al cielo…

Yo coincido con lo que dijo Eraclio Zepeda, en su cuento “Los pálpitos del coronel”, al ir haciendo recuento de sus soldados: “Iba con mi tropa. Tantos de caballería buenos para el asalto, tantos de infantería, buenos para el ataque, tantos del cuerpo médico, buenos para las curaciones y tantas soldaderas, buenas para todo”. Y así es, las mujeres son buenas para todo. O para decirlo de manera más elegante y con palabras de López Velarde: Patria “Tú vales por el río de las virtudes de tu mujerío…” Que no de tu “viejerío” como dijo un sujeto barbón, cuyas iniciales son Diego Fernández de Cevallos, hace algunos años. Ω

sanchez50ruben@gmail.com

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