M. F. K. Fisher, genio literario en la cocina

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El Sibarita | Bon Vivant.-

Seguramente sabrás que me apasiona comer. Hemos platicado muchas veces lo mucho que me encanta un buen plato, con buenos ingredientes, buenas emociones, buena bebida y buena lectura.

Recién acabo de desempacar el libro “El arte de comer”, que es una increíble recopilación de escritos de M. F. K. Fisher, la gastrósofa estadounidense nacida en Michigan, en 1908.

Y me está resultando maravilloso leer directamente de la pluma de Mary Frances Kennedy (M. F. K.) Fisher.

Criada en la tradición culinaria anglosajona, dice que descubrió la comida “de verdad” en Dijon, cuando se mudó allí con su entonces esposo Alfred Fisher.

Inicia el libro con la siguiente anécdota, “Para empezar”:

Existen dos clases de libros sobre la comida: los que intentan imitar a Brillat-Savarin y los que intentan no imitarlo. Los primeros sustituyen el ingenio de Brillat por bromas y sus deliciosas anécdotas por recuerdos insulsos. Los segundos son burdos donde él habría sido delicado y prefieren recurrir a las estadísticas más toscas que a las observaciones agudas.

Después de leer este primer párrafo supe que lo que me esperaba sería sorprendentemente inteligente y gracioso. Y no me equivocaba. Continúa:

Y los libros en cuanto a lo que hay que comer: también ellos son hijos gemelos de la misma fuente, las primeras recetas escritas de nuestro mundo. Son farragosos, prosaicos, siempre están encuadernados en práctica tela lavable o papel color grava, siempre empiezan con medidas y valores alimenticios y terminan con secciones sobre el cuidado de los inválidos… ¡Cosa bastante extraña en obras tan preocupadas por la higiene! Suelen ser alemanes, ingleses o estadounidenses.

O, si son cortos, tienen un fastidioso forro de papel de seda o celofán e ilustraciones con xilografias “à la mode”. Comienzan con agudezas filosóficas sobre los placeres de la mesa y acaban sugiriendo un menú para la cena íntima que un viejo banquero millonarios, a quien le empiezan a brotar cuernos de la calva, ofrece a siete caballeros que conocen a su esposa. . Esos libros suelen ser franceses. Son mucho más entretenidos, aunque menos útiles que sus  hermanos gemelos.

De esta escritora se han editado muy pocos textos en español, aunque en febrero de este año se publicó en Argentina el libro del que ahora hablamos, bajo el sello editorial Debate. No sé si hallo más placer ejecutando sus recetas o leyendo sus libros. Qué duro es elegir entre dos opciones excepcionalmente buenas.

Prosigue:

Para volver a dividir, existen dos penosas variantes de un tema de lo más peculiar: los aficionados a la comida. La primera: que editores entusiastas acostumbran a inflingirnos, cada seis meses por  lo  menos, aparece en los catálogos en el apartado de Memorias. Sus páginas trastabillan y se derrumban bajo un cúmulo de nombres famosos y cada capítulo exhala un tufo, una embriagadora peste a trufas, Cháteau Yquem y perdices a la fínancière. Una se sienta, con ostensible despreocupación, en una terraza de Montecarlo, cara a cara con tres príncipes, un millonario y una encantadora belleza londinense, ¡santa paciencia! O bien, en un comedor georgiano repleto de ministros que mascan en silencio, intercambia agudezas que, a fuerza de ser repetidas, se convierten en epigramas de fin de siglo. Es de lo más excitante; y dicen que se vende bien.

Su compañero, el otro tipo de libro sobre la gente aficionada a la comida, es a veces más objetable aún. Por lo general está escrito por dos supuestos gourmets, o incluso tres. Incluye lotes de los autores en la puerta de una vieja y pintoresca fonda cerca de Oxford, o bien de una funda pintoresca y vieja cerca de Cannes. Debate en tono serio y con firme autoridad la oposición entre burdeos y borgoñas o el problema de cuándo beber Barsac, y con aplomo exquisito zanja todo lo referente a cosechas, aperitivos y los bárbaros horrores del cóctel. Quizá no haga falta decir que sus autores son jóvenes y rezuman sutileza y gracia intelectual, ni que el 1ibro es resultado de una gira gastronómica en bicicleta.

Resulta difícil resistirse a los encantos literario/gastronómicos de una mente tan clara, tan precisa en sus apreciaciones y de tan hilarante buen gusto.

Lo sorprendente es que este libro haya sido escrito hace casi 80 años y siga con una vigencia tal, que perfectamente podría haber sido producto de las observaciones actuales en el mismo escenario.

Es una lectura bsolutamente imprescindible.

elsibarita@chef.net

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