Los árboles como infraestructura de la ciudad

eucal

Armando Bayona Celis   | Biólogo y Cartógrafo.-

No sé muy bien cómo expresarlo; claro que no hay árboles buenos o malos en sí, pero las diversas especies de árboles, y el lugar en donde están plantadas, pueden tener valores muy distintos en términos de, digamos, costo-beneficio.

Un ejemplo ya clásico: el eucalipto es un árbol australiano que se trajo a México sólo porque en su tierra natal crece natural y rápidamente en regiones con poca agua. Miguel Ángel de Quevedo, padre de la ciencia forestal en México, pensó que se podría reforestar la mitad más seca del país, deforestada por siglos, con estos árboles sin mayores cuidados. Y así fue.

En las siguientes décadas se llenó el país con estos árboles que casi son una plaga, que no dan buena madera, y producen sustancias que hacen inhóspito el suelo por muchos años para otras plantas. Pero en el año 2000, llegó desde Australia una pequeña chinche o conchuela que mataba eucaliptos con gran rapidez y eficacia (porque en México no tenía competidores ni depredadores que la controlaran), así que estos árboles se convirtieron en un peligro para la gente, los vehículos y las edificaciones, cuando ramas enormes de árboles infectados caían hasta de 30 metros de altura. Sólo en el (hoy ex) Distrito Federal en 2003, cuando llegó la plaga, había ¡9 millones de eucaliptos!

En Querétaro hubo que eliminar o podar muchos eucaliptos. El parque Los Alcanfores fue devastado en su mayoría y apenas hoy en día se ve repuesto. La plaga dejó de ser una emergencia gracias a que se trajo también desde Australia (vía EUA) una avispa que se come a la conchuela y esta se extendió por todo el país, manteniéndola en niveles razonables luego de unos 4 años.

Aunque sean muy lindos y crezcan rápido, árboles como las jacarandas, que en el sexenio pasado se plantaron tan profusamente en Querétaro, resultan costosos porque requieren riego (ya que vienen de un clima más húmedo que los del centro queretano) y otros cuidados. En el caso de la autopista a la Sierra Gorda, se plantaron en los camellones en donde habría convenido mejor poner arbustos que bloquearan las luces vehiculares por la noche. Sobre todo en el municipio de Colón hubo que reponer muchos arbolitos, y en ocasiones varias veces, porque se secaban, se helaban, en fin, no aguantaban el clima semiárido y extremoso.

En la ciudad, casi todos los árboles resultan costosos. Tener árboles en Santiago de Querétaro y su zona metropolitana es frecuentemente un lujo. El clima es ideal para mezquites, huizaches, garambullos… pero se siguen sembrando árboles foráneos, palmeras; además subsisten muchos eucaliptos, que si en la ciudad requieren jardinería, en áreas naturales como El Cimatario son una aberración.

Tendríamos que pensar en los árboles en la ciudad más como infraestructura que como ecología. Es verdad que proporcionan servicios ambientales, como el amortiguar los cambios de temperatura y el retener las partículas sólidas que emiten los vehículos, pero deberíamos considerarlos como parte del equipamiento urbano, que se muda, elimina o promueve de acuerdo a necesidades de la ciudad. Claro que, a veces, como ocurrió con el enorme laurel de la India que fue eliminado de la esquina de Avenida Universidad y Corregidora, un árbol se convierte en parte de nuestro paisaje, de nuestros recuerdos y entonces adquiere un valor cultural importante que debería considerarse para tomar decisiones al respecto.

Está muy bien que presionemos para que se siembren más árboles en la ciudad. Tendríamos que buscar que se siembren aquellos que requieran menos gasto de nuestros impuestos para mantenerse, y debemos insistir en que se siembren en donde los servicios que proporcionan sean más útiles para controlar el microclima y la contaminación. Sin embargo muchas veces, el fijarnos en el árbol que se cortará para modificar un camellón o que se tiene que remplazar por edad, plagas, etc.; el indignarnos y hasta manifestarnos por esos casos, nos distrae; no nos deja ver… El bosque. Los bosques que rodean a Querétaro. Nuestros ecosistemas.

He escrito aquí varias veces sobre lo que es un ecosistema (http://ketzalkoatl.com/perdida-de-ecosistemas-amenaza-a-la-civilizacion/). No son muchos arbolitos lindos que viven en un lugar. Es una complejísima red de seres vivos, desde bacterias y hongos hasta árboles y mamíferos que interactúan entre sí y en relación con su medio, que evolucionó a lo largo de miles de años, para dar como resultado:

a) la mayor biodiversidad posible para las condiciones de cada clima y terreno;

b) la mayor eficiencia en el uso biológico del agua, la energía luminosa y el calor;

c) la mayor infiltración de agua al subsuelo, control de avenidas y erosión del suelo;

d) la mayor captura de carbono por parte de la masa de seres vivos y el suelo, y

e) la mayor capacidad de recuperarse y adaptarse ante los cambios, incluso el cambio climático global.

Es un tesoro que no requiere jardinería o mantenimiento; se sostiene por sí mismo y le da sustentabilidad a la ciudad, sus acuíferos, sus cuerpos y corrientes de agua y su aire. Y lo están destruyendo alegremente para fincar fraccionamientos. En los alrededores de la capital queretana existe poco más de una cuarta parte de la vegetación de bosques tropicales, matorrales y bosque de encino que cubrían originalmente la totalidad de su territorio. Quedan, pues, pocos ecosistemas, que deberíamos preservar a toda costa. Y de hecho, hay una ley federal y una estatal de las que ya hemos hablado, que casi prohíben su remoción (http://ketzalkoatl.com/ni-se-provocara-la-erosion-de-los-suelos/).

No obstante, entre 2000 y 2015 la ciudad aumentó su tamaño desde 9 mil 600 hectáreas hasta medir ¡más de 25 mil 500! (datos de la SDUOP y el CQRN). De las 15 mil hectáreas que creció en 15 años, 6 mil 100, más del 38% fue a costa de tirar la vegetación de bosques y matorrales densos, ecosistemas en buen estado. Esto representa un área de más del doble de la del Parque Nacional El Cimatario.

El municipio de Querétaro mandó hacer en 2016 un censo de todos los árboles en la parte que le toca de la capital. El resultado fue: 182 mil. De acuerdo al Inventario Estatal Forestal y de Suelos de 2008, en las áreas deforestadas en los 15 años mencionados, había alrededor de 580 mil individuos entre árboles y arbustos grandes. Pero, no olvidemos: no son individuos aislados, sino un ecosistema. Cada uno interactúa con otros de su misma o diferentes especies, con hierbas, hongos y bacterias, le da cobijo a plántulas en desarrollo, a infinidad de insectos polinizadores o no (muchos de los cuales aún son desconocidos por la ciencia) que son el alimento de aves, murciélagos y reptiles por decenas de especies; semillas que alimentan a roedores que alimentan a serpientes, gatos monteses, coyotes, búhos y lechuzas; refugio a las mariposas Monarcas en las noches que pasan en Querétaro durante sus migraciones; follaje, raíces, suelo que dejan infiltrar el agua a razón quizá (sólo lo sabemos por modelos, no se ha medido experimentalmente) 50 a 100 litros por año en cada metro cuadrado y almacena, sólo en el suelo, unas 350 toneladas de CO2 en cada hectárea… Seis mil cien hectáreas de vegetación. Quinientos ochenta mil árboles y arbustos. Es absurdo y vergonzoso.

Hoy siguen deforestando a razón de cientos, probablemente más de mil hectáreas de ecosistemas en buenas condiciones, y más en cada año que pasa. Se está acelerando un desastre hídrico y ecológico cuyas consecuencias desconocemos en detalle, pero que seguramente incluyen el agotamiento del acuífero. Y no nos damos cuenta, aunque bastaría, por ejemplo, con abrir bien los ojos camino al aeropuerto por el Boulevard Fray Junípero para ver a los bulldozers arrasando con la vegetación que aún queda.

Decía Robert Heinlein: “Si no puede expresarse con números no es ciencia; es opinión”. Bueno, les dejo estos números para que pensemos. Las autoridades estatales, federales y municipales pagan buen dinero -nuestro- por estudios para tenerlos, los tienen, los conocen y hay en sus dependencias técnicos capaces de analizarlos. ¿Qué han hecho? ¿Qué harán? 

Y… ¿Qué haremos nosotros? Ω

bayotenal@yahoo.com.mx

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *