La Ciudad vs. El Cimatario

  • Yo estoy convencido de que la ciudad no debe de crecer ya. El espacio y las áreas naturales están al límite o más allá. Pero de crecer, debería hacerlo hacia otras zonas, como aquellas con terrenos planos y sin vegetación. /

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Armando Bayona   | Biólogo y Cartógrafo.-

“La ciudad seguirá creciendo”, “La ciudad puede seguir creciendo” Así han dicho por años tanto los funcionarios gubernamentales como diversos especialistas en urbanismo, movilidad y hasta en ¡manejo sustentable de cuencas! Claro, la ciudad podría seguir extendiéndose hasta rebasar el límite con Guanajuato y mucho más allá, por el Oeste, y hasta topar con la mancha creciente de San Juan del Río, hacia el Oriente. Al Norte, por qué no, si ya se tragó prácticamente a Santa Rosa Jáuregui, conurbarse con San José Iturbide… Pero ¿a qué costo? Lo veremos más adelante, si es que no lo está percibiendo usted ahora mismo, en tiempo de traslado, falta de agua, inundaciones, mala calidad del aire.

¿Y hacia el Sur? Caray, hacia el Sur hay un estorbo: es un cerro, llamado El Cimatario que el Gobierno Federal hace años decretó que debería ser un área natural protegida; un Parque Nacional.

El Cimatario ha estado siempre presente, como un cerro verde al Sur de la ciudad. De hecho, desde el siglo XVI, en el documento de la fundación de Santiago de Querétaro se puntualiza que la leña de esta “sierra montuosa… que le dicen del Zimatario”, debe extraerse sólo por poda para mantener el arbolado. Se cuenta, y hay evidencia indirecta que pudo haber existido bosque de encino en su cumbre y que, de ser así, fue talado desde tiempos coloniales, junto con más del 95 por ciento de los bosques de este árbol en el Centro y Sur del Estado.

El Cimatario, ya en el siglo XX, fue convertido en ejido y cada porción de terreno que podía ser sembrada (aproximadamente la mitad de su superficie) se llenó de milpas; mientras que las que no, sirvieron para pastorear ganados chicos y grandes.

Para el tiempo en que se decretó el Parque, en 1982, mucha de la vegetación del cerro, un bosque tropical seco denso y muy biodiverso, con dominancia de arbustos altos, estaba alterada y había erosión en algunas de las áreas parceladas con mayor pendiente. El gobierno le encargó el cuidado del área a la SEDEA (Secretaría de Desarrollo Agropecuario) estatal y se cuenta que algún gobernador les ordenó a los ingenieros forestales de esa secretaría, que hicieran algo rápidamente para que el cerro se viera verde.

El bosque tropical seco o caducifolio se diferencia de otros tipos de vegetación porque mientras en la época de lluvias reverdece y los follajes cubren toda la superficie del terreno, entre el invierno y la primavera pierde sus hojas casi totalmente y se ve gris. Y así es como debe verse en un área natural protegida o sin proteger. No hay que regarla ni sembrarla con otras especies que las que viven allí. Eso dicen los especialistas y la ley federal en la materia.

No obstante, los técnicos de la SEDEA comenzaron a sembrar eucaliptos (¡de Australia!); a remover tierra para hacer terrazas y sembrar yucas y otras especies que no existían allí; así como otras prácticas que degradaron aún más al ecosistema alterado.

El colmo se dio en 2001, cuando al gobernador Loyola Vera se le ocurrió usar el Parque para hacer las nuevas instalaciones de la Feria de Querétaro (de allí viene el nombre Ecocentro). Desde antes de que la Semarnat dictaminara sobre la Manifestación de Impacto Ambiental, ya había máquinas removiendo el suelo y la vegetación en varias hectáreas de lo que hubiera sido el estacionamiento de las instalaciones. Afortunadamente, el dictamen de la SEMARNAT, gracias a la presión ciudadana y la idiotez de la propuesta, fue de rechazo al proyecto. Dicen que el hubiera no existe, pero las “ecobrechas” quedaron, sin que nadie asumiera la responsabilidad de haberlas producido o se reparara el daño.

Ya desde entonces existía en el Gobierno del Estado una dependencia especializada en todos los aspectos legales y técnicos concernientes a las Áreas Naturales Protegidas (ANP), la Subsecretaría del Medio Ambiente de la Secretaría de Desarrollo Sustentable que promueve, administra, genera planes de manejo para todas las ANP estatales,  y colabora intensamente en las de jurisdicción municipal y las federales… Excepto El Cimatario, que, quién sabe por qué, sigue a cargo de la SEDEA, una institución cuyos objetivos son muy divergentes de la protección y la planeación ambientales.

En el período del gobernador Garrido Patrón se nombró a la Arquitecta María del Carmen (Pamela) Siurob, ambientalista de muchos años, como directora del Parque. Las cosas empezaron a enderezarse.

Su administración encargó la elaboración de un plan de manejo del Parque, promovió y reglamentó la asistencia de visitantes, trató de regularizar muchos aspectos administrativos que habían estado en el abandono e impidió la siembra de especies exóticas y otras prácticas dañinas.

Las imágenes de satélite de los últimos años muestran cómo desde que se  abandonaron en la década de 1980 las prácticas agrícolas, los ecosistemas comenzaron a recuperarse, y esto ha continuado, en franca mejoría, en el Parque, hasta en las “ecobrechas” del 2001. Las áreas de más difícil recuperación son aquellas en las que se hicieron reforestaciones con especies exóticas y terrazas. Porque las investigaciones demuestran que a los ecosistemas alterados sólo hay que dejarlos en paz para que se recuperen, en la mayoría de los casos.

El Gobierno Federal, a fines del año pasado, intentó modificar el estatus legal de El Cimatario (una jugada parecida a lo que logró en el caso de el Nevado de Toluca y que está dando paso a la destrucción de los ecosistemas en el volcán). Le encargó a la UNAM (Centro de Investigación en Geografía Ambiental, Campus Morelia) evaluar si El Cimatario merecía seguir como un parque Nacional. Los resultados fueron un SÍ rotundo de técnicos, académicos, instituciones y ciudadanos.

En forma absolutamente ilógica, hace unas semanas el Gobierno del Estado removió a Pamela Siurob de su encargo, por hacer las cosas lo mejor que pudo con un presupuesto de risa (o vergüenza). Muchos en Querétaro estamos inconformes con esta medida. Y nos preocupamos cuando, el gobernador Domínguez declara que al Parque “se le puede dar más vida”, después de haber visto lo que son capaces de hacer los ingenieros forestales con un área natural. Como dije antes, simplemente no es su campo.

El bosque tropical seco es el ecosistema que cubre, o debería cubrir, a El Cimatario, la Peña Colorada y todas las mesetas al oriente de la ciudad, las cañadas de Bolaños, Menchaca y La Cañada, ya destruido en la urbanización; así como las cañadas y cerros que se están destruyendo en este momento, principalmente en las inmediaciones del boulevard Fray Junípero y en el camino desde El Cimatario, hacia El Rosario y el entronque con el camino a Los Cues. Lo que algunos queríamos que fuera el “Cinturón Verde” de la ciudad a principios de este siglo. Se trata de las tierras con mayor biodiversidad, capacidad de captura de agua y de carbono en la región de la zona metropolitana de la capital.

El Cimatario está por el momento fuera de peligro (aunque no del riesgo de prácticas inadecuadas), pero la Peña Colorada, está en el filo de la navaja. No se ha decretado como ANP y hay fuertes intereses a los que les urge destruirla ya, a cambio de “donar” unos pedacitos. Las demás áreas con este ecosistema están siendo arrasadas aceleradamente, sin que nadie lo impida, aunque las leyes federal y estatal dicen que esto no podría ocurrir. Y tienen tanto valor o más que El Cimatario y la Peña Colorada…

No olvidemos que un ecosistema es el resultado de miles de años de interacción de muchas especies vivas con su medio, para lograr el aprovechamiento más eficiente posible de agua, energía y suelo; la mayor captura de bióxido de carbono en las plantas y el suelo, el mayor control del escurrimiento y la mayor recarga de agua hacia el subsuelo. No hay nada que podamos idear que se le compare en servicios ambientales a un ecosistema en buen estado.

A fines de la década de los 90, la Comisión Estatal de Aguas encargó a la UAQ (Facultad de Ingeniería) y la UNAM (Instituto de Geofísica) un estudio sobre la recarga de agua en el acuífero de Querétaro (que coincide grosso modo con el municipio sin la Delegación de Santa Rosa Jáuregui). El resultado de estos estudios es que el agua llega al acuífero de Querétaro principalmente desde el agua llovida sobre El Cimatario y la Peña Colorada. Si hubieran estudiado áreas aledañas, habrían encontrado otras zonas de recarga: La Machorra y otros cerros al Sureste de la capital; La Cruz (donde hoy está Zibatá) y otras zonas con ecosistema de bosque tropical.

Yo estoy convencido de que la ciudad no debe de crecer ya. El espacio y las áreas naturales están al límite o más allá. Pero de crecer, debería hacerlo hacia otras zonas, como aquellas con terrenos planos y sin vegetación, y no a las poquitas con vegetación natural que aún quedan.

Es esencial, si queremos tener un futuro aquí, que no dejemos que se destruya ni una hectárea más de nuestros ecosistemas. Ω

bayotenal@yahoo.com.mx

 

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