Hablemos de la toponimia

La Palabra.

Según cualquier diccionario de Etimologías Grecolatinas, la Toponimia, que es la unión de dos voces griegas, es la que se ocupa de los nombres y el significado de los lugares geográficos. En México, a lo largo y ancho del territorio, estos nombres tienen, por lo general, cinco orígenes, a saber: las voces de los grupos étnicos de las culturas prehispánicas; los nombres del santoral católico llegado con los conquistadores españoles junto con la evocación de lugares del Viejo Mundo; los nombres del santoral cívico mexicano en sus diversas etapas históricas; las voces procedentes del mestizaje, que se apegan a la descripción de un acontecimiento que marcó la memoria de los habitantes de un pueblo o comunidad y, por último, los nombres de personajes importantes en la cultura local, nacional o mundial o bien los nombres de diversas cosas o fenómenos meteorológicos, entre otros. Las diversas culturas que han habitado lo que ahora conocemos como México, dejaron huella de su paso, nombrando a todos y cada uno de los cerros, volcanes, lagos, ríos, pueblos y ciudades; es decir, en todos los rincones de nuestra geografía, bautizándolos con nombres peculiares, en nuestro vasto idioma español.

Al respecto, Alfonso Reyes, en su breve ensayo “Nuestra Lengua”, escribió: “El castellano o la lengua española, ha recibido aportaciones del latín vulgar vuelto Romance … ciertos elementos de otras lenguas peninsulares pre románicas: ligures, turdetanos, vascos, fenicios, cartagineses, griegos; y luego, aportaciones de las lenguas germanas, gálicas, anglosajonas y árabes, entre muchas otras”. A lo que hay que agregar las fuentes de este Nuevo Mundo: sobre todo voces nahuas, mayas, zapotecas, mixtecas, purépechas, otomíes y chichimecas, entre otras más, cuyos habitantes dejaron constancia de su presencia a través de las voces que dan nombre a todos y cada uno de los sitios, con sus palabras o vocablos.

En su poesía “La Palabra”, Pablo Neruda escribió: “Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de la tierra de las barbas, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras”.

En el Ombligo de la Luna.

Empecemos por el principio: México, voz náhuatl, según el antropólogo francés Gutierre Tibone, significa “En el ombligo de la luna”. De esta manera se ven como las voces predominantes, las Nahuas desde las costas de Nayarit (Voz de los Coras o Huicholes), en donde estuvo el mítico Aztlán (Lugar de Garzas), del cual partieron los Aztecas, para llegar al Valle de México y fundar Tenochtitlan (El tunal sobre la piedra). Otros lugares de voces nahuas son: Tlaxcala (Lugar de tortillas o pan de maíz), Tuxtepec (Cerro de Conejos), Chapultepec (Cerro del Chapulín), Cuernavaca (Voz deformada por los conquistadores Cuauhnahuac, que significa arboles junto al agua). Y qué decir de los volcanes guardianes del Valle de México: Popocatépetl (Volcán que humea) e Iztaccíhuatl (Mujer dormida), o el Citlaltepetl, Pico de Orizaba, que significa “Cerro de la estrella” o   el bello nombre del rio Papalopan (Lugar de mariposas).

Por su parte, Querétaro, tiene tres acepciones: en Purépecha, significa “Lugar de peñas”; en Otomí, se dice Nda Maxei, Lugar del juego de pelota y en náhuatl Tlachco, con el mismo significado. Algunos de sus Municipios son de clara filiación náhuatl, entre ellos: Huimilpan (Donde se cultiva la milpa o maíz), Amealco (Lugar de manantiales), Tequisquiapan (Lugar sobre aguas salitrosas) y Jalpan (Sobre el montículo de arena). En el territorio queretano también hay voces Pames como “Lambda”, que significa “sobre el agua cenagosa” y voces Jonaces como “Cimatario”, que según el escritor Agustín Escobar Ledesma, quiere decir: “Coyote Macho”. El municipio cercano a la capital, Colón, debe su nombre al descubridor de América. De tiempos coloniales data: Cadereyta Virrey de la Nueva España; San Juan del Río por la fecha del 24 de junio, Día de San Juan. Corregidora en honor de la heroína Doña Josefa Ortiz de Domínguez, en la Independencia. Ezequiel Montes en reconocimiento al Ministro de Relaciones Exteriores de Don Benito Juárez. 

El trazo antiguo del Camino Real de Tierra Adentro o Camino de la Plata, nos permite ver a grandes rasgos la presencia de las diversas culturas: partía de México (Voz Nahua), Llegaba a Querétaro (Voz Purépecha) y de allí se iba al vasto norte hasta lo que ahora es Estados Unidos y antes de 1847 eran parte de nuestra Patria. En Querétaro entraba el Camino por “La Cañada”. Ahora su cabecera municipal se conoce como “El Marques”, por el introductor del agua y constructor del Acueducto Colonial (Don Juan Antonio de Urrutia y Arana, Marques de la Villa del Villar del Águila), cruzaba el Valle de Carretas ( Lugar en el cual Fray Sebastián de Aparicio, según escribió Valentín Frías,  descansaba sus bueyes y reparaba sus carretas, con su multitud de indios, muchos de ellos de Tlaxcala, (Voz Nahua), para continuar su camino hacia lo que ahora conocemos como La Loma de Sangremal (Lugar de la batalla de conquista entre “Konin”, cuyo vocablo Koh-Ni, se traduce como Ruido en Otomí), pro español y los Chichimecas (Barbaros), según los Mexicas, Don Lobo y Don Coyote en donde ahora se asienta el Convento de la Cruz (La cruz de la cristiandad, traída por los conquistadores españoles a Querétaro en Julio de 1531, con la aparición del Apóstol Santiago, según la Leyenda y de allí el nombre de la ciudad Santiago de Querétaro, originalmente así llamada, que después cayó en desuso hasta que “los Mochos” (Del PRI), le volvieron a rebautizar como tal en el año del señor de 1994. Por cierto, el calificativo de “mochos”, al parecer proviene de los seguidores del tristemente célebre Antonio López de Santa Ana, pues este había perdido una pierna en la llamada “Guerra de los Pasteles” (1838-1839) en contra de Francia, por un incidente en el poblado de Tacubaya, aledaño a la Ciudad de México.

El Camino Real de Tierra Adentro, llegaba hasta el Templo Grande de San Francisco (Santo principal de la Orden mendicante humanista de los Franciscanos, que fue la primera en arribar al Nuevo Mundo en 1524) cruzaba por lo que ahora es la calle de Madero y llegaba a la actual Avenida Ezequiel Montes. Tomaba el rumbo norte para llegar a San Pablo (Autor de las Epístolas y fundador de la Iglesia de Oriente), para luego encaminarse por el rumbo de Santa Rosa (De Lima, Santa del Perú) y después irse a San Miguel de Allende (Nombrada así por el Arcángel que según la religión católica lucha contra el Demonio e Ignacio, héroe de la Independencia que luchó contra los “gachupines”).

Los curiosos nombres de las comunidades de Santa Rosa Jáuregui.

En Santa Rosa de Jáuregui, se entrelazan las cinco fuentes de la Toponimia: la católica, como Santa Rosa De Jáuregui, (Por el dueño de la Hacienda, quien donó los terrenos para la fundación del pueblo, que con acuerdo al historiador Lauro Jiménez, antes se conocía como “La Ciénega de los Mulatos”, en alusión al régimen de castas colonial). Empezamos con San Miguelito (por el Arcángel), donde se confeccionan balones para el fut bol; San Isidro y su pariente San Isidro el viejo (El labrador a quien se le pide agua en forma de lluvia el 15 de mayo y en algunos lugares de la Sierra Gorda se pasean las yuntas adornadas con flores coloridas); Santa Catarina, al lado de la presa, que debo confesar desconozco su ocupación. Siguieron con La luz, La Puerta de Santiaguito (El Apóstol, patrono de Querétaro); Presita de San Antonio (De Padua. El santo que ayuda a conseguir novio a las damas, siempre y cuando lo pongan de cabeza y le recen la consabida oración) y El Cerro de la Cruz. Luego vienen cualidades vegetales de los lugares: La Huerta, El Saucito, La Palma y El Madroño. Les siguen los accidentes geográficos: Cerro Colorado, Puerto de Aguirre, La Cañada, Ojo de Agua, Rincón de Ojo de Agua, El Tajo, Llano de la Rochera, La Joya y reminiscencias de la ganadería como Estancia de la Rochera. Les siguen recipientes de agua: Presa de Santa Catarina, Presa de Becerra, Tinajitas, Las Piletas y Acequia Blanca. Enseguida nombres diversos como La Versolilla, El Jofre y Jofrito. Queda constancia de las haciendas coloniales: Montenegro, La Solana, Juriquilla y Buenavista. Finalmente, nombres curiosos o sugerentes: La Estacada y Palo Alto. La Barreta y la Gotera. Esta Ansia de Palo Dulce, perdón Estancia de Palo Dulce. Sóbame el chino, perdón Loma del Chino… La Cabronera, o La Carbonera, Rancho Largo, Pinto y Pintillo, El Herrero y la Monja… Pie de Gallo (en) El Rincón y hasta ver Corea y la Casa Blanca y por último Charape de los pelones. Por cierto: ¿Saben que es el Charape? Pues es una bebida fermentada con pulque, miel, canela, clavo y panocha… ¿Suena a albur? Si no me creen busquen en el diccionario.

Lo que hay que reconocer es que a los habitantes de Santa Rosa les sobró lo que, a los habitantes de Macondo, el pueblo mítico de Gabriel García Marques en Cien Años de Soledad, les faltó: imaginación. Pues aquí abundó el ingenio para nombrar todos y cada uno de los rincones y lugares de su terruño, mientras que José Arcadio Buendía, el Patriarca, señalaba con el dedo las cosas que no tenían nombre, tal como lo recordaría el Coronel Aureliano Buendía, aquel día en que su padre lo llevó a conocer el hielo, muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento. Ω

sanchez50ruben@gmail.com

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