Gastronomía Mexicana: Una Historia que se cuenta por tradiciones

Carlos Dragonné | Cineasta y cocinero.-

Hablar de la gastronomía mexicana es hacer un viaje en el tiempo para aprender acerca de los elementos culturales más importantes no solo en la historia de América Latina, sino de todo el mundo.

Sin embargo, la cocina Mexicana sufrió un verdadero abandono por muchos años. En la década de 1970, se pensaba que la gastronomía nacional no debía llegar a las grandes mesas, una idea aprendida, quizá, de la época de principios de siglo cuando todo lo que tenía un mínimo de importancia o prestigio era de origen francés, tanto en la comida como en las artes o la arquitectura, una idea concebida e impulsada por el presidente Porfirio Díaz, quien durante sus más de 30 años en el poder, concibió una nueva clase de aristocracia y los llevó al poder tanto económico como social en México, convencidos de que las maneras francesas y europeas eran lo mejor que había en el planeta, dejando a un lado las tradiciones nacionales y los ingredientes. Como consecuencia de este vacío de casi un siglo, muchos ingredientes tradicionales de la cocina prehispánica comenzaron a desaparecer y a extinguirse y, debido a esto, hoy en día hay un movimiento nuevo de cocineros y académicos que tienen una sola misión: rescatar y restaurar la grandeza de nuestra cocina para las nuevas generaciones. Gente como Alicia Gironella, Ricardo Muñoz Zurita, Carmen Ramírez Degollado y muchos otros han estado trabajando incansablemente por más de 20 años tratando –exitosamente en muchas ocasiones- de crear nuevas maneras de apoyar y hacer sustentable la cadena de producción de la gastronomía nacional. El trabajo de investigación exposición, restauración y hasta redención de la cocina indigente finalmente está llegando a buen puerto en la industria a nivel mundial. Es importante mencionar que el nombramiento de la UNESCO llegó como resultado de un proyecto principalmente basado en exacerbar no sólo la cocina mexicana contemporánea, sino principalmente la prehispánica, mostrando lo que se sigue haciendo en estados como Michoacán, Estado de México, Jalisco, Oaxaca y Chiapas.

La cocina mexicana es más que moles, salsas o tortillas.

Es algo lleno de sabores e ingredientes de una gran variedad que, incluso el chef peruano Gastón Acurio se ha preguntado si hay otro lugar en el planeta en donde la variedad de productos sea “tan asombrosamente vasta”. Debido a esto, no es sorpresa como puede uno encontrar anécdotas como la que cuenta que la primera receta de sushi extranjera aprobada por un maestro japonés fue una creada en México a final de la década de los 70, o aquella en la que un cocinero regional descubrió en las comunidades indígenas que las cocineras aún preparan sus platillos de acuerdo al peso del ingrediente principal medido con el peso de piedras de río que utilizan en un balancín para preparar un platillo que se hace religiosamente sólo una vez al año en la ribera del lago de Pátzcuaro, dentro de las comunidades creadas por Vasco de Quiroga en el siglo XVI.

Esto es lo que hace a la gastronomía mexicana una estrella en el mundo. Las tradiciones son lo suficientemente fuertes para defenderse en el vórtice de un mundo moderno que busca desesperadamente simplificar todos los procesos. Y, justo así, con esta defensa a ultranza, los moles, panuchos, corundas, mixiotes, tamales y otros platillos, observan desde la orilla del camino esperando que esta velocidad detenga un poco su dinámica y se pregunte de dónde viene ese aroma mágico y, atraída al mismo, tome un descanso para sentarse a una mesa servida por más de 3,000 años lista para sorprender a cualquiera con la suficiente curiosidad para entrar a un mundo de sabores del que nunca querrán salir.Ω

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