Feliz día mundial del medio ambiente (y el cambio climático)

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Armando Bayona Celis   | Biólogo y Cartógrafo.-

En estos meses está todavía más de moda la preocupación por el medio ambiente. Pasó el día mundial de lo mismo, se firmó hace poquito un protocolo sin precedentes en París para tratar de evitar o minimizar el calentamiento global y hasta se han publicado, a nivel local, leyes “de avanzada” para proteger la biodiversidad. Ahora ecología, medio ambiente y cambio climático se han fundido en una sola cosa.

Y esta es una cosa compleja, porque el medio ambiente es todo lo que nos rodea: lo que hemos dejado de lo que había antes que estuviéramos aquí: ecosistemas, aire y agua prístinos; y lo que hemos producido a partir de los recursos que hemos tomado de allí: escombro, basura, nuevos venenos, agujeros por donde quiera… Y mucho más.

De acuerdo a la NASA y otros científicos del clima, cada uno de los primeros cuatro meses de 2016 ha sido el más cálido de todos los registrados desde que comenzó a medirse en el siglo XIX. Se esperaba que por causa del fenómeno de El Niño, fueran en efecto más calurosos que los anteriores, pero no en tal grado.

Los modelos que pronostican el cambio climático, desarrollados a lo largo de años de proceso de cientos de miles de millones de datos en supercomputadoras o millares de equipos en red, se quedaron cortos ante lo que está ocurriendo y los científicos ya discuten, realmente preocupados, la idea de que el calentamiento podría estarse dando a un ritmo mucho mayor de lo que se había previsto.

A pesar de que algunos países (gobierno, empresas, ciudadanos) sí han llevado a cabo acciones más o menos enérgicas para, por ejemplo, erradicar los automóviles de las ciudades o cambiar a energías “limpias”, los niveles globales de bióxido de carbono se incrementan cada vez más rápido.

Piensa global – dicen – y actúa localmente. Me parece una trampa, que deja en las manos de los gobiernos las grandes decisiones que deben tomarse, como frenar la depredación sobre los bosques tropicales y las montañas con yacimientos minerales, disminuir las emisiones que generan la industria y el transporte, acabar con el desperdicio de agua y alimentos, cosas que evidentemente no van a hacer, porque no pueden ir en contra de un sistema que los impuso en donde están; al que le deben sus puestos y mucho dinero (nuestro), más los intereses que se generen esta semana.

Mientras tanto nosotros seguiremos sintiéndonos un poco indignados pero más bien satisfechos de tener una azotea verde, apagar los focos, regar con aguas grises y usar la bici… más lo que se ponga de moda el próximo mes… logrando disminuir (al menos aquí en México, no crean que mucho más en ningún país) si acaso en una centésima parte lo que ya aumentó dos o trescientos por ciento en el mismo periodo.

Perdonarán el cinismo. Pero creo que la primera arma, indispensable para combatir el deterioro ambiental, la emisión de gases de efecto invernadero y la insustentabilidad creciente, es el situarnos en la realidad y empezar a entender la verdad. Si no entendemos la dimensión del problema; si muchos no lo vemos siquiera como un problema (entre ellos, sin duda, muchas de las autoridades y representantes que deben planear y ejecutar este combate), lo que ya nos está golpeando nos golpeará mucho más fuertemente y más pronto.

Y hay gente, aun en el ámbito académico, que no cree que vaya a pasar nada grave. Como cuenta el Chilam Balam: No hay tigre –decían– ¡y entonces el tigre estaba pasando por delante de ellos! Las ramificaciones del accionar del sistema económico sobre el medio ambiente son una verdadera hidra, que se extiende a la salud (epidemias globales de cáncer, diabetes… surgimiento de nuevas enfermedades y resurrección de viejas plagas medievales); la cultura y la vida social (desplazados, violencia, hambre, exterminio de grupos indígenas), pobreza, esclavitud e infelicidad de miles de millones, mientras se da un monstruoso despilfarro por parte de unos cuantos; además de los efectos “clásicos” como el agotamiento inminente de los recursos (agua, petróleo…), la toxicidad de lo que comemos y respiramos, la extinción de especies y la desaparición de los ecosistemas naturales.

No ocurrirá, como creíamos hace algunas décadas, la suave transición hacia un futuro sin crisis y con bienestar social. La Crisis (una sola que, de acuerdo a David Harvey, va como un tornado, de un país a otro, saqueando la riqueza,) seguirá activa sin importar las leyes de avanzada que se decreten, las declaraciones de los políticos y los tratados internacionales que se firmen. Seguirá activa como lo ha estado por décadas, mientras no se acabe de derrumbar el sistema capitalista-financiero, quizá por el surgimiento de múltiples autonomías, movimientos de resistencia, levantamientos pacíficos o violentos… Y mientras siga existiendo, el deterioro ambiental seguirá… hasta que se produzca un cambio cualitativo (Marx), un quiebre en la tendencia o lo que en matemáticas (René Thom) se denomina una catástrofe.

Pensar y actuar localmente: Hoy Querétaro y su zona metropolitana están más amenazados que nunca por un crecimiento urbano escandaloso y dañino para la calidad de vida de la gran mayoría de los que viven en ella. Se trata de un crecimiento que responde mucho más a objetivos financieros de las empresas inmobiliarias que a las necesidades reales de la población y, mucho menos, a planes racionales de desarrollo urbano que pudieran haberse hecho pensando en una ciudad más vivible para sus habitantes.

Los números hablan: tenemos cada vez una ciudad más dispersa (ya hace 10 años era una de las más dispersas del país, la vigésimo sexta entre todas las zonas urbanas), menos densamente poblada (la mitad de su densidad histórica y sigue a la baja), en la que trasladarse cuesta cada vez más tiempo (de 47 a 70 minutos entre 2000 y 2006 y elevándose). En esta ciudad dispersa y desordenada cuesta más llevar los servicios a los nuevos desarrollos donde abundan las viviendas vacías (casi la quinta parte en 2010), darle mantenimiento a la infraestructura o darle seguridad a la población.

Pero en los últimos 20 años, los que definen el crecimiento de la ciudad han comenzado a arrasar terrenos cada vez más amplios con ecosistemas en buen estado de conservación, con alta biodiversidad y en zonas hidrológicamente importantes por ser zonas de recarga y control de avenidas. Esta estrategia responde básicamente a la especulación con terrenos comunales de los ejidos, que se compran baratísimos y al cambiárseles el uso del suelo fácilmente en una reunión de Cabildo, multiplican su valor por decenas.

No me sé ya tantos nombres de desarrollos que se han venido dando desde Cumbres del Cimatario, a principios de los 2000, hasta Ciudad Maderas Montaña (hoy en preventa), pasando por el inefable Zibatá. A lo largo del retorcido (en varios sentidos) anillo vial Fray Junípero y en el camino de El Cimatario – El Rosario – CENAM, se están ya fincando numerosos fraccionamientos sobre vegetación de bosque tropical caducifolio (la vegetación más biodiversa de la región) en estado primario o secundario en recuperación. Es visible que la vegetación está siendo eliminada, junto con el suelo, pero también los invisibles servicios ambientales (captura de carbono, recarga del acuífero, control de avenidas y de la temperatura del aire)… en superficies de decenas o cientos de hectáreas.

Esta ofensiva desarrollista a costa de lo que sea está haciendo crecer artificialmente (más del doble del crecimiento poblacional) a una ciudad que debió haberse quedado como máximo en su extensión de hace 15 años, a costa del agua que deberíamos haber reservado para dentro de dos generaciones (la de la próxima ya se acabó) con la promesa de que hay aguas de otras tierras que nos van a dar ahorita nomás que haya dinero para construir los acueductos 3 y 4, ahora que suba el petróleo, y si las empresas que ahora lo extraerán, transformarán y venderán nos pagan a nosotros (que según la Constitución seguimos siendo los dueños de este recurso) lo mismo que nos pagaba PEMEX cuando el petróleo estaba caro y así… ¿Alguien cree todo esto?

Agradecería a un urbanista, economista o hidrólogo que me explicaran todo esto, los porqués del crecimiento urbano, el trasvase de aguas de otras cuencas ¡desérticas! hacia acá; cómo se financiarían estas obras y a costa de cuáles otros programas, y algunas cosas más que no logro entender.

Para terminar: así como es ingenuo separar el problema ambiental y sus posibles soluciones, de un sistema económico que para existir debe dañarlo; así también el medio ambiente no tiene sentido sin lo humano. Dice William Blake: Cuando el hombre no está, la naturaleza es estéril. El medio ambiente es nuestra percepción de la naturaleza. Hemos evolucionado gracias al conocimiento profundo y el respeto de nuestro entorno, mucho antes de que la ciencia nos permitiera sistematizar parte de ese saber.

La naturaleza es de todos, no es de nadie, somos de ella. La sobrevivencia de nuestra especie depende, hoy más que hace cien o diez mil años, de entender que es urgente parar la depredación que, por capricho, están haciendo de ella los ignorantes en el poder.

Entender es el primer paso para empezar a actuar en forma efectiva.

¿Lograremos entender y comenzar a actuar a tiempo? Ω

bayotenal@yahoo.com.mx

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