“Es un soplo la vida…” (Carlos, Eva y Ernesto)

Rubén Sánchez |  Escritor.-

Los mexicanos descienden de los Aztecas; los peruanos descienden de los Incas y los argentinos descienden… de los barcos”. Dice, muy serio, mi amigo Rubén Arias, a quien su profesión lo llevó a conocer el Buenos Aires de Jorge Luís Borges y Julio Cortázar. También conoció el Montevideo de Mario Benedetti, retratado melancólicamente en su libro “La Tregua”, a la otra orilla del Río de la Plata, que vierte sus aguas al Atlántico, en la costa occidental de América del Sur. Su afirmación, lejos del sarcasmo, encierra mucha verdad, los argentinos son los europeos de América Latina. La idiosincrasia de ese pueblo está patente en tres grandes personajes de la Argentina: Carlos Gardel, “El zorzal criollo”; Eva Duarte de Perón “Evita” y Ernesto Guevara, “El Ché”. Los tres abrevaron en esa tierra una cultura altiva y aún cuando su paso por este mundo fue breve y en vida no guardaron relación directa entre ellos, en la muerte sí tuvieron muchas similitudes trágicas. A los tres la parca les concedió una muerte de héroes: jóvenes y en el esplendor de la vida… Y un destino trashumante ya muertos. La importancia de su obra aún despierta apasionadas inquietudes a favor o en contra, sobre todo en el ámbito político que vivieron Evita y el Ché, lo que ha hecho que perdure su recuerdo; que hayan trascendido las fronteras argentinas y dejado atrás la imagen estereotipada: dilatadas pampas sembradas del rubio trigo, pobladas de ganado vacuno, el “mate” y los Gauchos y hayan proyectado el Tango, con la voz de Gardel, que como suelen decir: “Cada día canta mejor”.

Perfume de mujer

Carlos Gardel o bien Charles Romuald Gardés, probablemente fue de origen francés o bien uruguayo o argentino; quizá fue un gran aficionado a las carreras de caballos, donde perdió fortunas, como lo declamó en un acetato; pero, seguramente sí fue el mejor cantante de Tangos de todos los tiempos, con perdón de Emilio Tuero. Hasta hace pocos años, su fuerte recuerdo hizo que Al Pacino, en la película “Perfume de Mujer”, por cierto un título tomado de un tango cantado por Gardel, baile con una bella joven en un restaurante en Nueva York. Este tango lleva por nombre “Por una Cabeza”, de la autoría de Alfredo Le Pera y Carlos Gardel (1890-1935), quienes integraron una dupla que hizo guiones, filmó películas y compuso varios tangos famosos, entre ellos: “Cuesta Abajo”, “Silencio” y “Volver”. Trabajaron tan unidos que la muerte los sorprendió juntos en el avión que salía de Medellín, Colombia, en lo que fue su última gira, el 24 de junio del año de 1935…  Y allí comenzó el peregrinar del “zorzal”, por los caminos de la muerte. Según Simón Collier, en su libro sobre la vida de Gardel, fue sepultado en el cementerio de San Pedro de Medellín. Seis meses después fue exhumado y llevado en ferrocarril, hasta llegar al puerto de Buenaventura, en la Costa del Pacífico. De allí en barco a Panamá, llegando a Nueva York en enero de 1936. Estuvo en una funeraria del Barrio Latino, una semana. Después fue llevado en el buque Pan American a la Argentina. Se detuvo en Río de Janeiro y en febrero llegó a Montevideo, donde fue homenajeado. Partió el buque por el Río de la Plata, tocando tierra el cinco de febrero. Fue llevado al “Luna Park” en donde lo veló una multitud entristecida, acompañados por las notas del tango “Silencio”. Fue enterrado en el cementerio de la “Chacarita”, cerca de la calle Corrientes. De esta manera Carlos Gardel regresó a Buenos Aires ocho meses después, pero ya no pudo ver las luces que marcaban su retorno como lo cantó en el presentido tango “Volver”, grabado a escasos tres meses de su muerte.

No llores por mí…

Andrew Lloyd Weber, escribió una obra musical: “Evita”. Años más tarde, una versión parecida fue llevada a la pantalla con Madona y Antonio Banderas. En una escena, en el balcón de la “Casa Rosada”, canta “No llores por mí Argentina”, en la realidad, fue cuando Eva renunció a ser candidata a la Vicepresidencia, aún cuando estaba apoyada por la Confederación General del Trabajo, al parecer obligada por el ejército y los poderes fácticos, sobre todo la oligarquía y las elites, que nunca aceptaron a esta “intrusa”, quien además ya tenía un estado avanzado de cáncer, originado por un aborto mal practicado varios años antes. Cuando Gardel murió, Eva tenía escasamente dieciséis años. Por ese tiempo fue que llegó a Buenos Aires y empezó su incipiente carrera de actriz sobre todo en programas radiofónicos. Y curiosamente en el Luna Park, en 1944, conoció al Coronel Juan Domingo Perón y poco después era su esposa y este el candidato a la presidencia de la República, asumiendo el poder en el año de 1946. En escasos seis años, llegó a ser el segundo personaje político más importante de la Argentina, gracias a su incansable labor a favor de los pobres, a quienes llamaba grasitas o “mis descamisados”. Como Primera Dama, realizaba una labor exhaustiva, atendiendo filas interminables de gente, que a veces hacían guardia durante días para pedirle: casa, trabajo, una máquina de coser, un mueble, una dentadura, un traje de novia, cualquier favor o dinero, el cual era del erario y del que disponía ilimitadamente, después de quitarle recursos a la Beneficencia Pública. Estrechó lazos con los sindicalistas y formó parte de la Rama Femenil del Partido Peronista. Y en un narcisismo desbordado, diariamente usaba un costoso vestido nuevo y dedicaba enormes recursos al cultivo de su imagen y  personalidad, singularmente  ambiciosa. Al morir, el 26 de julio de 1952, Evita tenía escasamente 33 años, pues había nacido en el pueblecito de los Toldos en 1919. Y tres años después a la caída de Perón, es cuando empieza un largo peregrinar. Tomás Eloy Martínez, escribió en el libro “Santa Evita”, en donde más que su vida, narra las peripecias del cadáver y la venganza política: es embalsamado por el Doctor Pedro Ara; hacen tres réplicas de su cadáver; distintos entierros falsos, hasta confundir el verdadero, pero misteriosamente siempre rodeado de cirios y flores. Secuestrado por los militares, desterrado a Italia y a España, para regresar 23 años después y ser sepultado en el panteón de la Recoleta en Buenos Aires, cuando Isabel Perón, tercera esposa de Juan Domingo y ya Presidenta de la República, ordenó su repatriación. El retorno de un cadáver errante.

Hasta siempre Comandante

Oscar Chávez, de los trovadores mexicanos, hizo llegar las notas de ésta canción de la autoría de Carlos Puebla, que fueron, durante largo tiempo, la música que acompañaba actos de la izquierda mexicana, hoy “enpanizada”. Paco Ignacio Taibo detalla su vida en el libro “Ernesto Guevara, mejor conocido como el Ché”: era un pensador de izquierda y fue opositor de Perón. Muy joven recorrió con un amigo América del Sur en donde hizo contacto con la población que en condiciones miserables vivía en todos esos países, bajo la influencia del Imperialismo Yanqui. Una de las imágenes más famosas de personaje alguno es la de Guevara en la célebre fotografía que le tomó espontáneamente Alberto Korda, el año de 1960, en Cuba, cuando ya era Ministro de Industria de la Isla. Luego viajó a Rusia y China, abriendo mercados para el azúcar y el viraje de la Revolución al socialismo. Al morir Gardel, Ernesto tenía siete años y sufría ataques asmáticos, al fallecimiento de Eva, cumplía 24, para ese entonces era médico e iba rumbo a Cuba en el barco “Granma”, que había partido del Puerto de Tuxpan, con Fidel Castro Ruz, del “Movimiento 26 de julio”. En diciembre de 1958, triunfó la Revolución Cubana. Después, ya sea por conflictos con Castro o bien por su idea de hacer la Revolución a nivel internacional como Trotzky, se fue a África y luego con los mineros, según dejó constancia en su “Diario de Campaña en Bolivia”. En 1967, cumplió 39 años, pues había nacido en Rosario en 1928, fue apresado y asesinado, empezando su largo peregrinar en la muerte: le cercenaron las manos y fue enterrado en algún lugar de Valle Grande, Bolivia,  donde treinta años después fue encontrado y llevado a Cuba.

Gardel tardó más de ocho meses en volver a Buenos Aires, como lo cantó en su presentido tango; Evita tardó más de 23 años en retornar a su tierra de la cual querían borrar su memoria y Ernesto Guevara aún se sigue esperando su  regreso.

Es cierto Gardel: “es un soplo la vida”.Ω

sanchez50ruben@gmail.com

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