Encuentros y desencuentros entre adultos y adolescentes

Marcela Romero | Gerontóloga social.-

Aunque en algunos países lo celebran en junio, la ONU estableció el 12 de agosto como Día Internacional de las Juventud, buscando promover el desarrollo de políticas en temas prioritarios como la educación, el empleo, el hambre y la pobreza, la salud, el medio ambiente, el uso indebido de drogas y la delincuencia juvenil.

El tema surge aquí con tal antelación porque las últimas noticias nos han llevado a poner una  atención especial en los y las adolescentes. Aparentemente hemos hecho una burbuja conveniente donde dábamos por hecho que con cubrir su educación, su alimentación y facilitarles el acceso a las tecnologías en boga estaríamos haciendo suficiente. Descansando de una década de cuidados intensos como fue desde su nacimiento hasta este momento. Pero no fue así y hoy la lupa social vuelve sus ojos a padres, maestros y al mismo gobierno. El tema de los adolescentes deberá verse, como tantos otros, como parte de las asignaturas diarias.

Curiosamente los problemas asociados normalmente al crimen juvenil no están ahora relacionados a la pobreza económica tanto como al “desmedro emocional”. Empero, debe vigilarse aún el hecho de que América Latina y el Caribe es una de las zonas con más altos índices de pobreza del mundo y que, ya hace una década, se estimaban alrededor de 11 millones de jóvenes vivendo con menos de 1 dólar por día, y 27,2 millones con menos de 2. Los estados de vulnerabilidad alimentaria siempre impulsarán la conflictividad y que el joven opte por cualquier vía lícita o no para sobrevivir, ahí a la mano reclutándoles, la gran empresa de la delincuencia organizada. Así es que la seguridad alimentaria seguirá siendo el tema que salvaguarde la paz social…sin embargo, ¿qué pasa donde no hay pobreza económica?

La OMS considera jóvenes a las personas entre 15 y 24 años. Para UNICEF, el mandato de protección sobre los derechos de niños, niñas y adolescentes de 0 a 18 años de edad. Su Oficina Regional para América Latina y el Caribe, motiva algunos criterios estratégicos para los adolescentes en la región, de los cuales haré enfoque sobre dos, con algunas observaciones desde la lupa alimentaria, que es nuestra experticia. Conscientes por supuesto de que no es la única y deben de sumarse otros muchos criterios.

“Educación universal primaria y secundaria, incluyendo iniciativas para la creación de colegios amigables”.  Cuando se habla de un colegio amigable necesitamos hacer muchas revisiones para ver qué puede significarse en ello, pero en nuestra materia asusta ver el poco caso que se ha hecho al tema nutricio y alimentario, además de su mal manejo, impactando en un ambiente propiciatorio del bullying escolar más allá que de un ambiente promotor de hábitos  saludables.

Por un lado no hay una oferta económicamente accesible a alimentos, saludables, higiénicos ni operan programaciones de horarios para que así los realicen a horas y en espacios convenientes. Por otro lado, los profesores con mayor iniciativa pero poco conocimiento en nutrición, hacen un “control” de peso de sus estudiantes con métodos que resultan fomentarles conflicto y vergüenza. Bullying incluso. Hemos encontrado incluso bullying entre profesores y estudiantes más que entre el alumnado y sujetar calificaciones (sobre todo en deportes) a que reduzcan el peso corporal. En estos casos urge que se programe una intervención de expertos, quienes nunca harían un manejo diagnóstico con tal nivel de exhibición y generador de violencia individual y colectiva escolar. Así mismo, haría una intervención correcta sobre las cafeterías escolares o propuestas para que se organizara un comedor que estandarizara la alimentación y promoviera la convivencia, aspecto muy importante a esta edad.

“Reforzar las familias”. El alimento tiene un valor cultural de cohesión y desde el nacimiento ha simbolizado amor y seguridad no sólo en lo biológico como en lo emocional. La idealización que hace un adolescente sobre la libertad confunde a los padres en materia de alimentación. Se rebela frente a los hábitos de casa en la necesidad de irse empoderando. Entonces encontramos situaciones extremas: Las de los padres que limitan a tal grado que obligan al hijo a continuar el esquema de casa en su infancia a toda costa, mismo que en la escuela puede propiciarle toda clase de burlas o impedir su convivencia, porque luego de primaria, ¿qué joven desea llegar con la lonchera de siempre o con un recipiente con apio y fruta que no todos querrán compartir?

Por otro lado, los papás que caen cómodamente en las redes del llamado de esa libertad y sustituyen el desayuno y el lunch por una dotación económica…parecerá gustar al inicio, acomoda, pero en el fondo se ha sustituido la memoria sensitiva de un desayuno caliente en cocina o de una torta preparada en casa que reforzaba un vínculo familiar, esa leve contención (no limitación, más bien “como un abrazo de sostén”) que también se requiere a una edad que ve todo tambalearse. El psiquiatra brasileño Içami Tiba comparte en su libro Quien Ama Educa, que en una mano el adolescente puede contar sus mayores razones de felicidad, tan básicas como alguna amistad, algún ídolo, algún amor y la estabilidad en casa y al tambalearse una de estas, parece derrumbarse la mano completa y así, su razón de vida. Por lo cual en verdad, el asesoramiento y la lupa de los padres es muy importante.

El momento de comida en casa, desde el ritual de la preparación hasta la limpieza “levantar la mesa y la cocina”, resulta ser una forma tan fácil y tradicional de conversar y conocerse. Poco sustituible, al igual que salir a jugar o hacer deporte. No deben erradicarse a cambio de dinero…conocer a nuestra familia es más fácil en la mesa y la cocina, que en las redes sociales.

En otro de los puntos señalados por UNICEF podemos detenernos en los mass media y su imperiosa regulación, como hemos visto con los acontecimientos. Pero nosotros sólo agregaremos la importancia de regular todo aquello que, a través de la estigmatización y generación de estereotipos corporales, esté desvinculando al adolescente de su propia estima. Así mismo promoviendo inequidad de género, bullying y trastornos del comportamiento alimentario. De igual forma pedir a padres y maestros que no influyan en estos con sus propios juicios, tratar de ser congruentes con un estilo de vida saludable únicamente, a través del ejemplo y un diálogo menos “moralino”.

En el tenor del acontecimiento de Monterrey se mediatizaban aspectos simbólicos sobre las mochilas, ¿qué carga un adolescente material y emocionalmente?¿podrían al menos identificar la mochila del hijo??? Y yo agrego, ¿hay una lonchera que alimente el cuerpo y el espíritu de nuestros hijos?¿quién y qué está detrás de esa lonchera o de su ausencia? En una de las definiciones que hace la FAO sobre el hogar hace una pequeña referencia a un lugar donde se comparten los alimentos; detrás de la mochila, procuremos que no sólo haya una casa, sino un hogar. Ω

marceromero70@hotmail.com

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