Empleo en Querétaro, dos miradas

empleo

Enrique Kato | Economista.-

En los años que llevo como economista, he notado que son los momentos de crisis el tiempo ideal para encontrar foros en donde compartir la forma en la que comprendemos el mundo. Los tiempos de crisis pueden caracterizarse por una devaluación del peso, un endeudamiento creciente, el desplome de las exportaciones o la caída mundial de las bolsas de valores. Sin embargo, al momento de revisar nuestras explicaciones no se dispone de la información estadística necesaria. Escasamente se tienen algunas cifras desactualizadas y aisladas. Lo usual es que los institutos de estadística en el mundo den a conocer su información uno, dos o varios meses después de haber cerrado el período. Por ejemplo, al día de hoy (a mitad del año 2016) el último dato publicado sobre la actividad económica en las entidades federativas es al mes de diciembre de 2015. Por tanto, si se están tomando decisiones para transformar la realidad vigente, estas decisiones se fundamentan en cifras que describen una etapa previa de la sociedad o, alternativamente, se pueden usar pronósticos, asumiendo el margen de error implícito.

No todas las estadísticas económicas tardan tanto tiempo en publicarse. Algunas se dan a conocer en seis semanas, como los datos de empleo, recogidos en la encuesta de ocupación del Instituto Nacional de Estadística (Inegi). A partir de la actualización de las estadísticas, es posible determinar las tendencias y la magnitud de los cambios en la economía nacional y de los estados. Para los periodistas resulta difícil encontrar alguna noticia relevante si todo sigue igual y, a la vez, se vuelve trivial si existen desequilibrios en el entorno. Hoy es evidente que la actividad petrolera en México viene en declive desde hace años. No sólo porque ha bajado sustancialmente el precio del petróleo, sino porque en el país se produce 30% menos barriles. Hace una década, la producción diaria era de tres millones de barriles; este año el promedio diario es de 2.2 millones. Desde la perspectiva ambiental el balance claramente es positivo, lo relevante sería preguntarnos cuál es el costo social que se está pagando en las ciudades petroleras y el resto del país.

La vida no es sólo una serie de cálculos…es algo más complejo y más interesante que lo que es obvio: Daniel Libeskind

El año pasado, se publicaron cifras oficiales sobre pobreza y escribí en estas páginas (agosto, 2015) que la región pobre del país se expandía de las zonas tradicionalmente pobres del sur y el sureste de México hacia la región centro. En un par de meses, la instancia oficial comunicará las nuevas cifras sobre pobreza, las cuales podrían mostrar la severa crisis en las economías de los estados petroleros como Veracruz, Tabasco y Campeche. Utilizando como indicador el índice de actividad económica, el origen del declive data de 2014. Sin ambages, se puede calificar como una recesión económica lo ocurrido en la región del Golfo de México. Las tasas de desempleo han crecido en forma importante, prácticamente han aumentado un punto porcentual completo, incluso en Tabasco que tiene una elevada tasa (de 6% a 7%). Hace unos años en 2008 la crisis de Estados Unidos impactó menos en el sureste de México, si se compara con los actuales despidos de la industria petrolera y negocios relacionados. La tendencia natural sería la migración hacia el centro y norte del país, o incluso al extranjero.

Para los analistas del Banco de México (reporte de las economías regionales), las zonas centro y occidente del país tienen una combinación apropiada de industria exportadora y un sistema importante de consumo dado el tamaño de sus ciudades. Por ello, el centro del país es menos volátil, ante las crisis mundiales, comparado con la frontera norte de México. Otro apunte que han notado en el Banco de México, con base en la encuesta intercensal de población, es mostrar la alta movilidad transmunicipal. Han publicado que una proporción de personas eligen realizar cotidianamente trayectos más largos a sus centros de trabajo a cambio de salarios más altos. Esta evidencia no permite descartar la posibilidad de migración, del sur al centro del país, de miles de trabajadores y, al paso del tiempo, también de sus familias. Gradualmente podremos verificar si esto ocurre. La prueba definitiva será el siguiente censo de población en 2020.

A partir de los registros de asegurados al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), se dan a conocer cada mes cifras de empleo. Estas cifras tienen el beneficio de ser oportunas, es decir, se conocen pocos días después de haber concluido el mes de referencia. Con mayor lentitud, por el trabajo de campo, el Inegi da a conocer cuatro veces al año cifras de empleo y un amplio desglose de detalles respecto a condiciones laborales, tipo de empresa, entre otros. Podríamos afirmar que se trata de un dilema entre velocidad y exactitud. Este mes de mayo, el Inegi publicó las cifras de enero-marzo 2016; en cambio el Imss ya disponía del número de empleos hasta el mes de abril. No espere usted lector que una cifra valide a la otra. Se trata de dos registros distintos suelen contradecirse ¿Con cuál intentar descifrar la realidad?

Los datos que divulga el IMSS -el número de empleos y el salario- son una mirada estrecha del entorno. Se requiere de mucha paciencia y conocimiento para poder extraer información adicional del sistema web del IMSS, como el sector económico donde fueron creados los empleos o el tamaño de empresa donde laboran. En cambio, el sistema de información del Inegi ofrece una perspectiva muy amplia y refleja tanto los períodos de bonanza como los de retroceso. Asumo que por ello el Inegi no es la fuente de información preferida por los funcionarios encargados de los temas económicos, la cual nunca citan.

A diferencia del IMSS, las cifras del Inegi sobre Querétaro (a tasa anual) sí reportan episodios de destrucción de empleos. No me refiero a los datos aislados en 2006, 2010, 2011 o 2014, sino a los tres trimestres consecutivos con reducciones de empleos asalariados o los cinco trimestres negativos en el empleo total (trabajadores por cuenta propia más asalariados) entre el final de 2012 e inicio de 2014. Los datos del Imss no mostraron cifras negativas. Sólo durante la crisis mundial, ocurrida entre la mitad de 2009 y el inicio de 2010, el Inegi y el Imss reportaron, al mismo tiempo, destrucción de empleo. Ambas instituciones publicaron que el período más álgido fue el segundo trimestre (abril-junio) de 2009 con, aproximadamente, una pérdida de 5% de los empleos. Según el Inegi, otro episodio difícil, de cuantía similar, ocurrió en 2013, pero los registros del Imss no lo muestran; en parte por el programa de formalización del empleo, iniciado en el sexenio en turno, que contabilizó como nuevos, los empleos existentes, que recién se afiliaban al Seguro Social.

Desde la desaceleración económica de 2013, la evolución del empleo en Querétaro ha sido positiva (a tasa anual). Según el Inegi, el avance de nuevos empleos crece 2% cada año. Una tasa similar al crecimiento poblacional. Con esta tasa de expansión se logró rebasar la cifra de 800 mil empleos a finales de 2015. Este tipo de cifras son “barreras psicológicas” a superar. A modo de apunte, la barrera previa de 700 mil empleos se rompió a finales de 2007. En cambio, la realidad que se describe con los datos del Imss es mucho más positiva. Los empleos crecen al 6% anual. La acelerada creación de empleos que reporta el Imss, versus las cifras del Inegi, crean una doble percepción de la realidad. En la primera, la proporción de personas que trabajan aumenta sostenidamente. Antaño, en 2006, uno de cada cuatro residentes en Querétaro trabajaba, hoy (2016) la proporción es mucho mayor. Esto es, la tasa de empleo aumentó de 25 a 33 por ciento, respecto a la población adulta.

Todos estamos en las alcantarillas, pero algunos miramos a las estrellas: Oscar Wilde

En Querétaro, la historia que se observa, con los datos del Inegi es la opuesta a la del Imss. Entre 2006 y 2016, la tasa de empleo disminuyó de 57% a 52%. La explicación radica en los procesos de crisis de 2009 y 2013, que expulsó a muchos trabajadores, y que a causa de la lenta recuperación del empleo, no ha permitido reintegrarlos a sus ocupaciones. Precisamente la débil creación de empleo es una de las causas por las que no se ha recuperado el poder de compra de los salarios. En esto no discreparon por años las cifras de las dos instituciones. Hubo consenso en que el deterioro al salario se originó desde 2007. Los datos del Inegi reportan que permanece el estancamiento del ingreso. En cambio, las cifras del Imss muestran una cierta recuperación real del salario en 2014 y 2015, en la que el aumento salarial supera la tasa de inflación. No descartamos que sea así, pero se trata de casos focalizados y lejos de convertirse en una tendencia generalizada.

Creo que la polémica del número de empleos no desaparecerá pronto, ni en las estadísticas de Querétaro, ni en las nacionales. De hecho, la mayoría ni siquiera está consciente de la discrepancia. Debería quedarnos claro que el desarrollo económico es un proceso amplio donde el beneficio es compartido. No puede calificarse de desarrollo a unos pocos sectores exitosos y ganadores en un entorno aletargado. Se necesitan indicadores amplios para evaluar el progreso social, las encuestas de Inegi proporcionan esos elementos. Necesitamos darnos más instrumentos de análisis y más respuestas. La realidad económica se transforma, es volátil y compleja. Las estadísticas de los empleos afiliados en el Imss no muestran ni cambios, ni volatilidad ni complejidad alguna. Así, que conducir las políticas sociales y económicas con un barómetro fuertemente imperfecto no servirá para llevarnos por buen camino a buen destino, salvo que sea por accidente.  Ω

enriquekato@uaq.mx,

Google.com/+EnriqueKato

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *