El poeta de la buena mesa

“A un buen hombre sentado a comer a la mesa, ninguna cosa debe venir a molestarle”, Joseph Berchoux, Gastrónomo

joseph

El Sibarita | Bon vivant.-

Sí, me considero un sibarita. Me gusta lo mejor. No necesariamente lo más caro. Simplemente, lo mejor.

Joseph Berchoux fue un poeta fancés amante de la buena mesa. Uno de esos personajes entrañables, de aquellos que guardamos permanentemente en el corazón. Nació en 1772 y murió en 1828. En 1801 publicó el libro “Los placeres de la mesa” o “El arte de comer” (La Gastronomie ou l´homme des champs à table), célebre poema que en su canto primero dice:

Historia de la cocina

de los antiguos

En nada envidio al lírico poeta

que en su entusiasmo sólo se mantiene

con flores de retórica, y repleto

de su asunto, del hambre acaso siente

el molesto aguijón , y con los Dioses

en ayunas hablar frecuente suele.

Por supuesto que no podían faltar en este canto las referencias a los griegos, omnipresentes en la historia occidental. De ellos dice:

Tú, gran cantor del vengador Aquiles,

y del astuto Ulises itacense

tú, a descubrir los rústicos festines

del griego capitan mi labio mueves.

Entonces la cocina envilecida, a

bandonada a miserable suerte,

de agradables prestigios adornada

(…)

De encendidos cangrejos despreciaran

la sabrosa sustancia, y de los peces

salsas no conocieron en su mesa,

Patroclo ni el feroz lujo de Tetis,

con sustancia cerval y con carnero

regalarse solían los que fuertes

a la famosa Troya soguzgaron.

Este poema de más de mil versos divididos en cuatro cantos,  tiene entre sus virtudes ser el primer escrito donde la palabra “Gastronomía” (el arte de preparar una buena comida) se utiliza con el mismo significado de hoy día.

Como la nueva burguesía desconocía los usos sociales en la mesa, este poema pretendió ser un código de cortesía y buenos modales. También fue historiador y sociólogo, pero sin duda, se le recuerda más como gastrónomo. Sabiduría esencial.

En el mismo canto, invoca al Dios mitológico, reconociéndolo como un ser mofletudo y regordete; es el dios que rige los festines:

Canto el hombre en la mesa y

los banquetes;

El modo de adornar un gran convite,

Cómo aumentarse deben los placeres;

Gozar y eternizar las amistades,

En blanda suspensión embebecerse.

O vosotros, que siempre habéis vivido,

sin conocer mis agradables leyes,

freno quizá poniendo el apetito,

a sólo algún manjar habitualmente,

vos, que ignoráis el arte que he estudiado,

a vosotros mi voz dictaros quiere

importantes lecciones; hijos míos,

acudid a mi escuela diligentes.

¿Invocaré algún Dios cuando ya siento

que de mi asunto lleno el pecho hierve?

Al Dios, al ledo Dios que en los festines

preside, invocar quiero:

¡oh Dios, desciende!

Mitológico Dios, ven a mi acento,

ven, como mofletudo y regordete,

digno será del universo todo

mi proyecto, si tú me favoreces.

en medio del furor casi divino

y en el lugar pondré que se merece

entre las bellas artes, aquel arte

que trata de cocina y sus deleites

Hay en la cocina cierto espíritu divino que ha inspirado las almas sensibles y piadosas, aquellos quienes han vivido el éxtasis místico frente a un plato -ya de sencilla elaboración, ya de complicado andamiaje. Es sin duda, gracias a ellos,  a los poetas, a los artistas, a los sabios, que el resto, la humanidad, los mortales, podemos experimentar un poco del paraíso, de la promesa eterna del Cielo en la tierra, o mejor decir, en la mesa.Ω

elsibarita@chef.net

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