El desmonte y las ciudades que no debieron crecer

Foto: Víctor Xochipa

Armando Bayona Celis   | Biólogo y Cartógrafo.-

Es mentira lo que dicen los spots publicitarios del partido Verde: que una superficie del tamaño del estado de Tlaxcala sea desmontada cada año; ni tampoco es cierto que el desmonte se deba a que empresarios sin escrúpulos quieren tirar los bosques para establecer campos agrícolas. Tal situación fue así en el pasado, pero las cosas han cambiado. Veamos:

1. El desmonte de la frontera agrícola del país, entendida esta como el área apta para ser roturada, sembrada y, en su caso, irrigada agrícolamente, se alcanzó hace años, quizá un par de décadas atrás.

Desde tiempos prehispánicos comenzó el desmonte para tales fines; este continuó en forma más intensa durante la Colonia y ya en tiempos del México moderno, pero fue sobre todo entre las décadas de 1930 a 1980, cuando la Comisión Nacional de Desmontes y los propios productores; los ganaderos del Sureste y la Huasteca, los agricultores de todos los distritos de riego, así como la Secretaría de Recursos Hidráulicos y la CFE, constructoras de presas, las empresas mineras y Pemex, terminaron de eliminar cerca de la tercera parte de la vegetación del país (de acuerdo a datos del INEGI); y alteraron en forma importante otro 20% aproximadamente, de modo que hoy sólo un poco menos de la mitad del territorio mexicano conserva vegetación en un estado primario, es decir, ecosistemas sanos o en buen estado de conservación. Entiéndase que antes, prácticamente la totalidad del territorio, menos  el desierto de dunas, las cumbres más altas, los lagos y pedregales, tenía vegetación natural.

Tipos de vegetación como los bosques tropicales o selvas, se han perdido en la mitad o más de su extensión original. En algunos estados, como Tabasco, el bosque tropical perennifolio, o selva alta, que cubría originalmente más de la mitad del territorio estatal, se ha perdido en más del 98% de su área original.

Otros ecosistemas, y sus tipos característicos de vegetación, como el mezquital o bosque espinoso de mezquite, que probablemente cubría una superficie equivalente al estado de Michoacán, ha desaparecido prácticamente de la faz de México.

2. Es verdad que los ecosistemas más amenazados de México fueron por muchos años aquellos sin pendiente o casi planos, con suelos más o menos profundos, y suficiente agua de lluvias, subterránea o de ríos accesible. Son estos precisamente los que permiten una explotación agrícola industrial, la ganadería extensiva, y el establecimiento de ciudades, parques industriales, aeropuertos y otras instalaciones, y que estuvieron cubiertos en buena medida por los tipos de vegetación mencionados arriba.

3. Cuando me tocó trabajar en el área de uso potencial en la DETENAL (hoy INEGI), el paradigma era: no deben usarse las áreas agrícolas de primera para el crecimiento urbano; aprovechemos mejor los terrenos con matorrales en las lomas. Hoy esto parece una aberración. Antes la prioridad era producir alimentos; los acuíferos, aunque comenzaban a sobreexplotarse, aún tenían reservas para muchos años, y por supuesto, no se soñaba en el tamaño enorme que tienen hoy en día las ciudades y su consecuente consumo de agua.

Hoy lamentamos que las ciudades están creciendo sobre las áreas con bosque y matorral, sobre terrenos con pendientes moderadas o fuertes, y fallas geológicas, que eran zonas de recarga de acuíferos. Porque esos acuíferos son prácticamente la única fuente de agua para muchas ciudades, y no sabemos en qué momento se agotarán (y si la Conagua o alguna comisión estatal lo saben, se lo callan como el mayor secreto). Además, nos estamos quedando sin vegetación natural. En el municipio de Querétaro municipio, sólo sobrevive un poco más de la quinta parte de la vegetación que existió originalmente. Expertos internacionales han considerado que esto es menos del mínimo requerido para la sobrevivencia de los ecosistemas en una área geográfica dada.

4. El negocio, hoy en día, parece ser el siguiente (digo parece, porque aunque me lo han comentado personas informadas en las que confío, no puedo demostrarlo): los empresarios de la construcción de vivienda compran tierras ejidales, que hoy, por gracia de las reformas salinistas al 27 constitucional, pueden venderse y cuyos dueños no reciben ningún estímulo para conservarlas o cultivarlas.

Un terreno con uso agropecuario vale, digamos, $10 el metro cuadrado. Los desarrolladores compran a ejidatarios deseosos en su mayoría de vender terrenos supuestamente improductivos; y los que no quisieran vender pueden ser convencidos  mediante algo más de dinero, argucias legales o incluso amenazas. Cuando se integra un bloque de buen tamaño, se solicita un cambio de uso del suelo al municipio. Este se otorga  con facilidad increíble en unos días, por decisión del cabildo con la ayuda de amistades, dinero o, tal vez, así nomás. No requiere obligatoriamente de manifestaciones o estudios que justifiquen dicho cambio.

En ese momento, e independientemente de que no exista aún una autorización federal de cambio de uso, cuando se trata de áreas con vegetación forestal, el valor del terreno con uso urbano ha crecido mágicamente en un monto del orden de decenas de veces ($300… 1000) del valor que tenía como tierra agrícola. Quien sea su dueño puede tranquilamente ir a un banco y obtener un préstamo hipotecario por un valor que surgió de la nada o casi nada. Con ese préstamo es posible urbanizar y construir fraccionamientos en los que (según se dice) aunque se vendiera sólo la mitad de las viviendas, la empresa constructora ya reportaría ganancias.

5. Por tanto, en los últimos 20 años, las ciudades medias de México, y la de Querétaro en particular, se han extendido primero sobre parcelas ejidales abandonadas, con pendiente menor a 10%, y en fechas más recientes, sobre tierras comunales de los ejidos con vegetación en buena condición y pendientes mucho mayores, incluso de más de 45°, como en Bolaños, Menchaca, el Tángano, San José el Alto, Peña Colorada, y (como se haya llamado lo que ahora se conoce como) Zibatá, entre otras. La fosa o bajío donde se encuentra la capital del estado, está rodeada de escarpas de falla que si bien se consideran inactivas, en cualquier momento podrían moverse otra vez, ayudadas por  los miles de toneladas de peso de los edificios que se han construido recientemente sobre ella, y que de todas formas, dejaron y dejarán caer eventualmente rocas basálticas de decenas de toneladas a las partes bajas (remember Santa Fe).

6. Las ciudades, sorprendentemente, han crecido a ritmos de 2, 3 y hasta 5 veces mayores al incremento de la población y, en el caso de Querétaro y algunas otras, sin que se incremente el área verde pública en la misma proporción. La capital queretana incrementó su superficie en casi 23 veces entre 1970 y 2014, mientras que el número de habitantes sólo aumentó un poco más de 5 veces en ese período. La ciudad creció 4.35 veces más aprisa que la población. ¿Cómo es posible esto? La ciudad en 1970 tenía ya fraccionamientos campestres, una zona industrial considerable, centros comerciales con estacionamientos amplios… Ahora hay además varios campos de golf, un enorme aeropuerto, estacionamientos gigantescos en gigantescos centros comerciales, más y más zonas industriales, que se construyen mucho más rápido de lo que se pueden ocupar; muchas zonas habitacionales con numerosas casas vacías (18% del total en 2010), y predios sin fincar.

7. Menos aún cuando los parques urbanos representan un porcentaje cada vez menor del área de la ciudad: son diminutos y varios de ellos están muy lejos de donde vive la gente (todavía). El mayor, hoy por hoy sigue siendo Querétaro 2000, con 50 hectáreas, mientras que en otras ciudades los parques urbanos tienen entre 250 (León, Gto.), 300 o más (cada uno de los Tangamangas en San Luis Potosí). La dispersión de la mancha urbana es cada vez mayor, una de las más altas del país.

8. La densidad de población es hoy probablemente de cerca de 60 habitantes por hectárea (se mantuvo cerca de los 100 hab/ha desde 1800 hasta1950 y en 2010 era de sólo 64), y la famosa “verticalización” de la ciudad, de la que se hablaba desde años atrás, se tradujo en la construcción de edificios de muchos pisos que son absolutamente opuestos a la densificación, la captura de carbono y la sustentabilidad, sin contar que muchos de ellos están semivacíos años después de su construcción.

9. La industrialización ha sido el pretexto para fomentar el que las ciudades medias hayan crecido tan desmedidamente. Pero esto no es forzoso. Bien pudo (y puede aún)  darse hacia otros polos, que permitan una redistribución de la población y los supuestos beneficios del establecimiento de industrias sobre todo extranjeras. Países muy industrializados y mucho más densamente poblados que México, como Alemania, no tienen prácticamente ciudades grandes.

10. Por último, el desarrollo de vialidades sigue trazos extraños, inexplicables si no es porque pasan por terrenos que están “programados” por desarrolladores para desarrollos urbanos o industriales, aunque en el momento que dichas vialidades fueron trazadas, no existan usos del suelo urbanos en tales áreas (ver artículo Zibatá: nueva ciudad en el Diario de Querétaro, del 6 de abril de 2009, en http://www.oem.com.mx/esto/notas/n1113238.htm), con la anuencia de quien las construye, el Gobierno del Estado. Hoy en día, el anillo Fray Junípero, el Circuito Universidades y el Paseo Centenario, construidos uno tras el otro en una sucesión contínua y sistemática hacia el Noreste de la capital, en vez de otras vías que se antojan más urgentes, atraviesan distancias largas donde no hay más que vegetación natural de bosque tropical caducifolio en excelente estado de conservación, zonas de recarga del acuífero, así como áreas naturales protegidas en trámite de decretarse… O des-decretarse.

El desarrollo Zibatá, de cerca de 900 hectáreas con vegetación forestal en buen estado, significa la mayor destrucción premeditada de vegetación natural en el estado desde la década de 1990, cuando se construyó la Presa Zimapán.

Entonces, la destrucción de los bosques hoy en día se lleva a cabo, en México y en Querétaro, no para abrir campos al cultivo, sino para construir ciudades que bien podrían crecer sobre terrenos desmontados hace mucho, o no crecer. Pero parece no hay un proyecto de ciudad más allá de la especulación sobre terrenos baratos cuyo desmonte tiene un costo ambiental que nadie paga. Ω

bayotenal@yahoo.com.mx

One Response to El desmonte y las ciudades que no debieron crecer

  1. […] -El Tángano ( Tiene una superficie de mil 011.5 hectáreas, de las cuales  768 son de superficie protegida y codiciada por los desarrollos inmobiliarios: ver  https://periodicoketzalkoatl.wordpress.com/2015/09/21/acechan-inmobiliarias-a-el-cimatario/http://ketzalkoatl.com/el-desmonte-y-las-ciudades-que-no-debieron-crecer/ ). […]

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