El Café del Fondo en voz de Elsa Doria

Por Victor  Xochipa

En ocasiones queremos entender y conocer espacios, sin darnos el tiempo de saber quién está atrás de ellos. Y no podemos hablar del Café del Fondo, sin conocer a Elsa Doria Martínez. Una mujer solidaria con los pequeños productores, comprometida con la economía y varias luchas sociales.

Elsa es una mujer oriunda de la huasteca Potosina, específicamente de Ciudad Valles, San Luis Potosí. Que después de conocer a su pareja y no querer mudarse a la Ciudad de México, decidieron en conjunto buscar un lugar intermedio. Así Querétaro llegó a sus vidas, al igual que sus cuatro hijas.

Maestra de profesión y dedicada a la enseñanza, con grandes valores que aportar a sus alumnos. Hasta 1986, donde se involucra en un proyecto de gobierno llamado: “Unidad Cultural del Centro”, que incluye el funcionamiento de una cafetería, librería, y una oficina, para la promoción de programas de apoyo a culturas populares. En 1994 termina el proyecto y Elsa decide cambiarse a otro lugar, con la idea de extender la cafetería, ahí nace el Café del Fondo como lo conocemos, al igual que su activismo y cariño a las luchas sociales.

“En 1994 ocurren varios sucesos en México, el Tratado de Libre Comercio entra al país, así como el Movimiento Zapatista se levanta y se inician varias reflexiones. Así empecé a participar con los pueblos indígenas, organizaciones de derechos humanos y cuestiones democráticas. Por fortuna mis hijas eran grandes y podía hacer más cosas para colaborar con las organizaciones”.

Cómo llega la economía solidaria

Hace más de una década. Elsa toma un diplomado de Economía Solidaria y se enamora del tema, su sensibilidad le permite trabajar con pequeños productores de la región y cooperativas del país, con la intensión de comercializar sus productos y apoyar a la economía y ecología. Así llegan los costales de café verde al molino del Café del Fondo, con un aroma que se impregna en sus paredes al ser tostado, y que finalmente su sabor se deleita en una taza de café caliente.

-¿Tomas café?-

-Por supuesto no puedo funcionar sin café, tomo una taza antes de desayunar.

-¿Qué estilo te gusta y de dónde?

– Americano, sin azúcar y leche. Con la combinación que hacemos en el Café del Fondo; de Chiapas con Veracruz-

¿Alguien se había preguntado del menú que brinda la cafetería? pues está inspirado en la cocina mexicana, así como en frutas y verduras de temporada. Su elección la decide su dueña, pero sus empleadas aportan ideas y complementan el menú del día.

“Ojala podamos regresar al arroz, frijol y tortillas, así como a las verduras de temporada. Si nos fijamos en las películas de los 50´s, la gente era delgada, ahora en las películas hasta los niños sufren de obesidad. México cometió el error de cambiar su dieta alimenticia, así como nuestros hábitos. Actualmente sufrimos de obesidad con un mayor número de personas diabéticas”.

Uno de sus platillos favoritos de Elsa es el pozole. Un misterio es que no está incluido en el menú, o tal vez no he tenido la suerte de llegar en el día exacto de su preparación.

Empleadas, cómplices y amigos

La cafetería da empleo a ocho personas en dos turnos y otras dos, los fines de semana, en total son diez. Todas son mujeres, que a decir de Elsa; la mujer tiene una particularidad en la familia, es el sostén de ella. Por su parte, un hombre cuando sale al trabajo se deslinda de todo, pero una mujer está presente hasta cuando se enferma un hijo. De ahí su flexibilidad y su empatía laboral con ellas. Además de poder intercambiar los días y los rolles que desempeñan tanto en la cocina, limpieza, caja y en la atención al público.

“Hubo empleadas que se convirtieron en amigas; el tiempo, la confianza hicieron que construyera esa relación. Lulú, Susi, que duraron más conmigo, Vero y Adriana venían hasta con su familia a saludarme… no considero tener favoritas pero en ocasiones te entiendes más con unas que con otras. Una anécdota es Juanita, ella cuando entro a trabajar con nosotros enviudó y tenía cuatro hijas de la misma edad que las mías, así que entendía perfectamente sus circunstancias y nos volvimos amigas”.

A pesar de cumplir 34 años el próximo octubre del año en curso, 24 de ellos son en la calle de Pino Suarez #9, sus logros no se quedan en una cafetería diversa con más clientela, sino en la edificación de una familia, integrada por amigos que a decir de Elsa, son una extensión de su casa.

“Mis hijas me decían que era mi familia elegida –refiriéndose a los asistentes del café- salía de mi casa a las siete de la mañana y regresaba hasta las diez de la noche. Había amigos que llegaban a las nueve de la mañana y se iban hasta cerrar, como Don Arturo, desayunaba, comía y cenaba en la cafetería. La gente ya lo conocía, y por su edad pedía ayuda a todos para ir por el periódico y tomar su taxi en a noche, y en el café nunca faltó alguien que lo apoyó”.

El espacio de los ajedrecistas, ellos lo eligieron. En 1994 el día de la mudanza, ellos pidieron tiempo para terminar su partida y luego ayudaron a cargar los muebles al nuevo espacio, y después siguieron con el juego hasta la madruga. Ellos decoran el salón y colocan los arreglos de navidad. ¿En qué lugar permiten eso?, se pregunta, Elsa.

Hay algunos amigos (clientes) que tienen gustos y rituales, que las meseras han tenido que aprender y respetar. Como el de Horacio que llega en la mañana, directamente a la sala de ajedrez para estar sólo, sin decir nada, pero al cual le deben de llevar una taza de café, cuando termina se incorpora a la plática con los demás asistentes.

Preocupaciones y reflexiones

Elsa es una persona que no tiene secretos, que se comunica con el habla y no se arrepiente de nada, como todo ha tenido errores pero ha aprendido de ellos. Está enamorada de la vida y sus sueños están con los cercanos: “Espero que mis hijas y nietas sean personas que valoren la vida y sean capaces de aprender del otro”.

Le preocupa la situación de la contaminación del mundo y la falta razonamiento al no poder aceptar a los demás, de voltear a ver lo indispensable que se necesita para vivir y ser felices. Aprender a cuidar la tierra y sembrar nuestra comida.

El magnetismo del Café del Fondo le ha ayudado a superar límites, en un primer inicio similitudes con el Café Tabasco, en un segundo tiempo, como un espacio de encuentro, que ha cobijado distintas luchas: feministas, ambientalistas, políticas, de diversidad y acompañamiento. Elsa dice que la economía solidaría se puede conjuntar con un negocio y ser sustentable, sin fin de lucro.

A pesar del cierre del Café del Fondo, su dueña dice que en unos meses volverá abrir en otro lugar, integrando una tienda de economía solidaria con el interés de impulsar a productores locales y productos orgánicos.

Por último:

-¿Elsa cómo te gustaría ser recordada?-

-Como una persona que quiso entender al ser humano y al mundo.

Imágenes de Juan Pablo Muñoz.

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