El abuso infantil

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Yadira Pérez | Maestra en Educación.-

Cada vez que escuchamos una noticia de abuso a menores nos llenamos de indignación, miedo por nuestros propios hijos y tristeza por las familias que sufren de este terrible acto. Desafortunadamente, los casos de los cuales nos enteramos son sólo un diminuto porcentaje de lo que diariamente ocurre en instituciones educativas desde edades muy pequeñas. Estos actos de violencia a la infancia se manifiestan de diferentes formas; muchas veces se dan de una manera casi benigna, con el propio consentimiento de los padres; y otras de una manera mucho más violenta como el abuso sexual.

Para terminar con el abuso infantil es ineludible que como sociedad comencemos a tener una postura más seria acerca de los niños, y les hagamos valer los derechos que como el resto de seres humanos poseen. Esta responsabilidad no solamente corresponde a la familia de los niños, pero también a organizaciones internacionales, entidades gubernamentales, líderes, instituciones públicas y privadas, entre otras.

Sin duda alguna quienes convivimos directo con los pequeños –padres de familia y maestros- tenemos la responsabilidad de defender sus derechos; nosotros somos la voz de esos pequeños para cuidar su bienestar. Así, debemos comenzar a refutar toda práctica, por más simple que parezca, que reste poder a los niños para defenderse de los abusos. Las que creemos que son las más inofensivas son aquellas que niegan o aminoran las emociones de los niños. “No pasa nada”, “ya pasó”, “no llores” son las primeras frases que reciben los niños de los adultos para consolarse. Esto sin darnos cuenta envía el mensaje de que el sentimiento que el niño siente en ese momento no es importante y por lo tanto no vale la pena manifestarlo.

Otro ejemplo de los más preocupantes es cuando obligamos a los niños a darle besos a quien ellos no quieren. Esto fuera de ayudar a los pequeños a ser más sociables, les da el mensaje de que es normal demostrar afecto hasta a quien ellos no quieren o a desconocidos, y así los volvemos más vulnerables para un abuso sexual.

Si los niños crecen sin reconocer y hablar de sus sentimientos, será más difícil detectar cuando exista algún tipo de abuso sobre el pequeño. Por eso la educación emocional en las escuelas debería ser imprescindible.

En cuanto al vínculo familia-escuela, debemos recordar que la familia es la más grande institución educativa del niño y la escuela existe para servir a la primera. Como padres de familia recurrimos a un servicio educativo para ser asistidos en la educación de nuestros hijos, y así debemos exigir cuentas de el trato y educación que los niños están recibiendo.

La escuela tiene como obligación involucrar a las familias de los niños en el día-día de su operación, sin embargo muchas veces esto no se da por la mala idea de que los padres llevarán ideas contrarias a las de la escuela o porque se cree que ellos no tienen interés ni tiempo en involucrarse; y así éstas se mantienen al margen en cuanto a incluir a sus familias para su desarrollo.

Para prevenir el abuso infantil, las familias deberían buscar la transparencia como uno de los valores más preciados en las escuelas. Cada familia debería sentirse como en casa cuando acude a la escuela de sus hijos; se debería sentir bienvenida y saber que en cualquier momento puede cuestionar lo que está pasando dentro de la escuela que ayude o perjudique a sus hijos.

Exijamos escuelas a puerta abierta, que cuenten con circuito cerrado para poder supervisar cómo es el trato a nuestros hijos, en donde no tengamos que hacer citas con días de anticipación para platicar con los maestros, se brinde educación emocional y en las que los niños sientan un sentido de unidad entre cada uno de los miembros que conforman su comunidad. A medida de que esto suceda, los niños sabrán que no están solos en situaciones de abuso. Para un ejemplo de este tipo de escuelas podemos asistir a Bimbi Comunidad Infantil, donde la participación de las familias es fundamental. Ω

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