Educación e inseguridad pública

gun-937682_960_720

“No basta con exigir orden para gobernar bien, sino que hay que gobernar bien para lograr el único orden que tiene sentido, no es el orden el que refuerza la justicia, sino la justicia la que da su certeza al orden” Albert Camus

J. Carlos R. Acosta | Sociólogo, UAQ.-

¿Podemos hablar de una relación entre los problemas educativos y de inseguridad pública? Abordar el problema de la inseguridad pública y su relación con la educación no es nada simple.

Debemos aclarar que el fenómeno de la inseguridad pública no puede reducirse a una cuestión tratable desde el aspecto policiaco, es decir, a cuestiones de “cuántos delincuentes se logra encarcelar al día” o “cuántos policías existen, con cuántas patrullas y cuántas armas”; o a encuestas de opinión de “qué tan seguras se perciben las ciudades”, etc.

El problema de la inseguridad pública, se encuentra determinado por otra serie de fenómenos sociales, y reducir su análisis a un número limitado de “factores” es irresponsable.

Por otro lado, aquí trataremos el tema de la educación refiriéndonos solamente al aspecto formal o escolar, sin pretender reducir el complejo y diverso fenómeno educativo a esta forma específica.

Por eso, el hecho de que tratemos aquí la relación entre  los problemas educativos con los de inseguridad pública no quiere decir que la principal causa de la inseguridad sea de origen educativo, pero tampoco negamos que pueda existir una relación entre ambos problemas. La forma en la que se presenta aquí esa relación es solamente por razones esquemáticas y para su posible análisis.

Aclarado un poco lo anterior, podemos imaginar que las determinaciones entre  el problema de la inseguridad pública y los de la educación son diversas y complejas. La más reconocida tiene que ver con el acceso a la educación formal como una posibilidad de obtener una mejor calidad de vida.

La educación escolar permite la generación de relaciones sociales entre las personas, su socialización, lo que puede llegar a influir en el clima de seguridad en la sociedad. Pero además, la educación formal también es valorada porque puede convertirse en un elemento de “movilidad social” al posibilitar el acceso a empleos bien remunerados y mejorar la calidad de vida.

No intentamos establecer aquí que exista una relación de causa-efecto entre “a menor grado de estudios-mayor pobreza” o “mayor grado de estudios-menor pobreza”. Hemos sido testigos que un buen número de egresados de instituciones de educación superior no consiguen empleo y cuando lo consiguen los salarios son miserables.

Por otra parte, son muchas personas con altos grados de escolaridad las que se encuentran empleados en sectores informales de la economía, o prácticamente desempleados. La educación escolar no es garante infalible de una mejor calidad de vida, pero representa para las personas una mayor posibilidad de superar la situación de miseria.

Por estas razones el tema de la pobreza está lejos de reducirse a una cuestión escolar, y para su análisis deben tomarse en cuenta, por lo tanto, los elementos económicos generadores de la pobreza en nuestro país: sin duda un área importantísima en la cuestión de la seguridad pública.

Aclarado ese punto, debemos entonces poner en relación el tema de la pobreza, junto con la educación y la seguridad pública.

Los niveles de pobreza en nuestro país son alarmantes. De acuerdo con el economista Julio Boltvinik, en nuestro país se calcula que la población en pobreza es de aproximadamente 85%, es decir, alrededor de 100 millones de personas (La Jornada, 22/07/2015, p. 27). En un país en donde la pobreza impera y el acceso a la educación formal depende muchas veces de los ingresos, el panorama no es nada alentador.

Según datos de la Encuesta Intercensal del INEGI (2015), nuestro país cuenta con más de 86.5 millones de personas mayores de 15 años, de los que casi 4.8 millones son analfabetas; más de 9.4 millones no tiene la primaria terminada y 16 millones no ha terminado la secundaria. Es decir, aproximadamente un 35% de la población de 15 años y más se encuentra en rezago educativo. En Querétaro el rezago educativo afecta al 30% de la población de 15 años y más. De ese porcentaje, el 4.5 es analfabeta, siendo las mujeres las más afectadas, al ocupar el 65.7% del total de población analfabeta en el estado. Y como siempre, el mayor porcentaje de población analfabeta se concentra en las zonas rurales y más pobres.

A todo el cuadro descrito se deben agregar los 7 millones de jóvenes que no encuentran lugar en el empleo ni en la educación en nuestro país, según datos de la OCDE (La Jornada, 20/01/2016, p. 21).

El terrible círculo vicioso que forma la pobreza con el rezago educativo sin duda alimenta el clima de inseguridad en el que vivimos en la actualidad. La pobreza que en parte se reproduce por el limitado o nulo acceso a la educación formal (en donde son las clases trabajadoras las más afectadas) puede orillar a buscar medidas de naturaleza ilegal, delictiva o criminal para satisfacer las necesidades vitales más imperiosas, como alimentarse. El robo, el asalto, el asesinato, el tráfico de drogas, etc., se vuelven opciones para cubrir esas necesidades ante este panorama nacional tan deplorable.

Pero como señalamos al principio, el tema de la inseguridad pública no puede combatirse con recetas policiacas o inmediatistas. El hecho de que los problemas educativos puedan estar influyendo en el incremento de los problemas de inseguridad, no quiere decir que solucionando los primeros se termine con los segundos, pero sí pueden contribuir, dentro de sus posibilidades, a su solución.

Queda claro, entonces, que la educación formal es solamente uno de los elementos que se encuentran relacionados con el tema de la inseguridad pública, y que pueden existir otros más determinantes, como el de la pobreza, según acabamos de ver. Por esta razón, debemos convertir en sentido común que la seguridad pública no es un tema meramente policial, sino complejo, con múltiples interrelaciones con otros fenómenos.

Pero, ante este panorama sin duda que surgen más preguntas: ¿será la única forma en la que se relaciona la educación con el problema de la inseguridad?, y en relación a la inseguridad pública ¿la educación se refiere solamente a lo escolar? Resulta obvia una respuesta negativa a estas preguntas y, además, una responsabilidad colectiva, de toda la sociedad, reflexionar sobre esas cuestiones.Ω

j.carlosr@yahoo.com.mx

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *