Diabetes juvenil: un testimonio

· Escúchanos los jueves 14:00 hrs en COMA Y PUNTO de Radio Universidad por el 89.5 FM.

Programa de la Licenciatura en Nutrición de la UAQ

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Marcela Romero | Gerontóloga Social.-

Generalmente hablamos de diabetes mellitus y a nuestra cabeza vienen mujeres y hombres adultos con sobrepeso, asumiendo que tienen cierta coparticipación en el desencadenamiento de dicho padecimiento. La creciente problemática de esta diabetes, conocida como DM tipo II no insulinodependiente, no deja ver la otra cara de la moneda, la de la DM juvenil, tipo I e insulinodependiente. Aquélla donde no podemos prejuzgar nada, pues su génesis difiere de hábitos y voluntades (de hecho, muy cuestionable establecerlo sólo así para cualquier caso). Hablamos aquí de una enfermedad metabólica y autoinmune caracterizada por la destrucción selectiva de las células beta del páncreas y así, una deficiencia absoluta de insulina, por lo cual su administración y control se vuelve crucial y por ello, padecerla y tratarla puede ser lacerante en la vida de todo niño y joven. Aunque son menos los casos en comparación con la DM tipo II, es muy importante sensibilizarnos con el tema de la diabetes juvenil (DM I), por lo cual quisimos compartir este testimonio presentado recientemente en radio.

“Por lo general –señala nuestro entrevistado-, el estar acostumbrado a una forma de vivir, nos exime de ver o de percatarnos que en todo momento, nos hacemos acreedores de un sinfín de bendiciones o beneficios con los que contamos y que, hasta antes del momento en que se ven amenazados o los perdemos incluso, nos hacemos de ojos ciegos. En mi caso, creo que estaba tan pequeño cuando sucedió, que ni siquiera era consciente de ello y por lo tanto el cambio no fue tan radical, como pudiera haber sido si me hubiera ocurrido un par de años después. De una forma u otra, mi realidad de lo que sería normal para muchas personas, tuvo un agregado particular con el cual he crecido y he vivido desde entonces…” Inicia así nuestro entrevistado, en pausas, recordando aquello que es en realidad lo que siempre ha conocido y permeado en su vida. Es decir, no hubo un accidente ni algo particular que develara el telón para iniciar una nueva historia. Simplemente hubo en su vida una condición especial.

Y continúa en este punto de lógica aparente cuando señala sobre que “la diabetes mellitus para mí ha sido no un cambio en mi vida, sino un agregado en ella. Iniciando tan pequeño no sabría si ha sido mejor así o habría preferido que se presentara de forma tajante y vivir de acuerdo a otro estilo de vida que nunca conocí. Debo admitir que no me resulta por ello lo más difícil del mundo. Se vuelve complejo mientras más conoces al respecto. Sobretodo tedioso cuando sabes que tienes que realizar pequeñas acciones cada día para estar bien; pues ya de una en una y sumadas, hay puntos en que quiero tirar todo por la borda y no saber más del tema. Pero por otro lado sé que gran parte de todo lo que yo debo hacer para mantenerme bien respecto a esta condición, es lo que todos deberían adoptar como un modo de vida saludable.”

Lo que los profesionales de la salud recomiendan para un paciente con Diabetes, son básicamente tres cosas: Alimentación, actividad física y los medicamentos (insulina u otros, dependiendo del tipo de diabetes). Nuestro entrevistado estudia actualmente para licenciarse como nutriólogo y ello le da una perspectiva integral sobre el caso: “En ocasiones también creo que he requerido adoptar cierto grado de sensatez ante la vida, ante las situaciones que, definitivamente, en su momento no comprendía. Ahora lo hago y acepto, pero también creo que no es nada agradable.

No voy a apaciguar el sentido de lo que quiero expresar, diciendo que todo ha sido maravilloso, pues no es la realidad; pero tampoco seré chivo expiatorio para aquellos que tienen una condición similar; reitero, debe ser mucho más complicado para alguien a quien le llega la noticia de tajo, yo en cambio, ya me he formado en esto: Desde pequeño he aprendido que en cualquier sitio, debo salir, distraerme e interrumpir actividades, para medir la glucosa, inyectarme insulina, comer algo o simplemente esperar. Es bastante extraño sentirme como patito feo en muchas ocasiones, como cuando los prejuicios predominan y es complicado hacerlos de un lado. Sobre todo a una corta edad donde es más difícil que los puedas refutar para justificar el por qué no puedo comer dulces, o hacer tales cosas, que realmente ¡sí puedo! El asunto es ¿por qué no debo (comer dulces, dormir tarde, alterarme, etc.)? O peor aún, ¿Por qué debo hacer ciertas cosas que otros no?” -como las anteriormente señaladas-  “Es un simple juego educativo como con cualquier otra situación restrictiva o de carácter prescriptivo, de obligación. Sólo que en este caso, extrapolado a una situación que yo nunca pedí, y de no cumplir, atenta contra mi salud y mi vida. Desde pequeño he sentido cómo me encuentro entre la espada y la pared; o en este caso, entre dos espadas…pues si bien puedo elegir, de rechazar las alternativas el resultado resulta fatídico.”

“Tal vez me habría gustado que, como ahora yo lo comprendo, me educaran en mi condición de la forma que ahora yo lo haría con una persona con diabetes: con un acompañamiento que realmente valore en todos sus aspectos la manera en que se vive, tanto física como emocionalmente un duelo de este tipo; no demerito el gran trabajo que ha realizado la gente que me rodea, pero la identificación con iguales es crucial”. Continúa explicando “…personalmente, no sólo me parece que tres puntos (ejercicio, alimentación y tratamiento) sean suficientes; en mi opinión, el seguimiento de un paciente con Diabetes, parte de saber que si bien es una enfermedad, quien la padece es una persona con una condición de vida específica (no sólo un enfermo) que requiere encaminar esfuerzos hacia diferentes objetivos de vida y que además, son posibles.”

Cuando le pedimos aportar una idea a la sociedad, observó la importancia de la visión de conciencia e inclusión, ampliar el panorama respecto a la normalidad d la gente a fin de “construir una sociedad, no para justificar las acciones distintas de todos, sino para poder apoyarnos entre todos y lograr, dentro de la heterogeneidad, un rumbo homogéneo que sea posible no con luchas contrapuestas, sino con cooperación y solidaridad; para este caso, sensibilizarnos de la realidad sobre la Diabetes, y particularmente la Diabetes Mellitus. Es una invitación que hago, pues tal vez no parezca relevante, probablemente a la fecha no seamos más del 3% de la población que la padecemos, pero somos parte.

Y para quien conozca a algún pequeño retoño que incluyó la Diabetes a su vida, preguntar como haríamos con cualquier otra persona ¿cómo te encuentras? ¿necesitas algo?¿en qué puedo apoyar?”, decir enséñame o aprendamos juntos. Apoyo y comprensión del caso es lo mejor que puede aportar alguien cuando conoce a una personita que, seguramente llega a ser tan dulce como la mismísima miel, literalmente hablando.” Así concluye nuestra entrevista con el estudiante Pablo Arias, también parte de nuestras ediciones. Gracias. Ω

marceromero70@hotmail.com 

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