Deforestación, erosión, recarga del acuífero

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Armando Bayona Celis   | Biólogo y Cartógrafo.-

La vegetación natural, la que constituía los ecosistemas sobre la superficie de la Tierra antes de que aparecieran o llegaran los seres humanos, cubría prácticamente la totalidad de las áreas emergidas del planeta, y por supuesto, de Querétaro, fuera de los desiertos arenosos, las playas y los peñascos donde la roca no es capaz de sostener plantas. Donde hoy vemos parcelas, ciudades, zonas industriales, presas, estaba antes lleno de plantas: árboles, arbustos o hierbas nativos, esto es, presentes allí por milenios, quizá evolucionados millones de años antes allí mismo.

Plantas nativas de Querétaro y el centro de México son: varias  especies de encinos y pinos, varias clases de huizache, el mezquite, el garambullo, los órganos, el palo bobo, el papelillo, biznaguitas de chilitos, nopales, magueyes y muchas más. En contraposición hay especies introducidas, la mayor parte de ellas hace relativamente poco tiempo, como: el pirul, el eucalipto, varios tipos de palmas, la jacaranda, la sábila y otras más.

Del mismo modo, hay especies animales nativas de nuestros ecosistemas y otras introducidas. Cuando un ecosistema natural es invadido por especies externas, se producen con frecuencia efectos y desequilibrios impredecibles y nocivos, pero ésa es otra historia.

El entender que la vegetación natural antes lo cubría todo, nos ha permitido proyectar hacia el pasado y calcular que los bosques de encino en los municipios del centro y sur de Querétaro, por ejemplo, han desaparecido en más del 95% de su área original; que los bosques de mezquite que había se han extinguido casi por completo, aunque queden muchos mezquites aislados por aquí y allá, para recordarnos y demostrarnos que allí donde hoy hay alfalfares o casas, había un bosque cerrado de decenas de miles de hectáreas.

La deforestación ha sido muy intensa, aunque se haya dado de una manera gradual a lo largo de siglos. Hoy, en los municipios del centro y el sur de Querétaro, se han eliminado tres cuartas partes de toda la vegetación que existía originalmente. Los bosques se talaron en su mayoría antes del siglo pasado, y entre el XX y el XXI se eliminaron matorrales y mezquitales principalmente.

¿Qué efectos ha tenido esto en el medio?

Las deforestaciones más antiguas del estado se encuentran en la Sierra de Amealco: Huimilpan, el sur de San Juan del Río y Pedro Escobedo y el propio Amealco. En tiempos prehispánicos se eliminaron algunos bosques para sembrar, pero el proceso se volvió más intenso en los siglos de la Colonia, ya que las ciudades consumían leña, carbón de encino y madera para vigas y muebles. Además, llegaron animales invasores desde Europa, generando y extendiendo por todo el territorio una actividad que antes no existía: la ganadería.

Queda pendiente aún la historia definitiva de cómo pasó lo que pasó en la Sierra de Amealco. ¿Hasta qué punto fue la agricultura, la extracción de leña y el pastoreo de reses, cabras y ovejas?  ¿O quizá la combinación de todas ellas? No sabemos cómo fue que se rebasó la capacidad de carga o productiva de estas tierras, pero el resultado es la degradación: miles y miles de hectáreas presentan erosión en muchas formas e intensidades, y la pérdida total del suelo en no pocas áreas. Probablemente más de la mitad de los suelos de las zonas altas de la Sierra de Amealco están de medianamente a fuertemente erosionados.

Lo que es cierto es que donde se pierde la vegetación, el suelo se vuelve mucho más propenso a perderse; la lluvia y el viento lo arrastran; y donde el bosque y el suelo no están, el agua de la lluvia escurre casi en su totalidad en lugar de infiltrarse en la tierra y, eventualmente, ayudar a llenar depósitos subterráneos o acuíferos.

No sabemos tampoco en qué medida la deforestación y la erosión fueron disminuyendo la cantidad de agua que llegaba a los acuíferos, pero seguramente la pérdida de suelo y bosques la afectaron en forma significativa.

Antes, cuando no se había descubierto la forma de bombear el agua del subsuelo en cantidades adecuadas para regar muchas hectáreas de cultivo, la gente no se fijaba mucho en el acuífero. El agua estaba a unos pocos metros de la superficie de los terrenos, desde donde se podía subir con baldes desde pozos artesianos. Pero en el despegue de la agricultura industrial en Querétaro, San Juan, El Marqués y Pedro Escobedo, se perforaron muchos pozos para extraer millones y millones de metros cúbicos de agua al año, y el nivel del agua subterránea comenzó a bajar, primero oscilando poquito y recuperándose en la siguiente temporada lluviosa, pero en las últimas 3, 4 décadas a la baja cada vez más rápido, hasta alcanzar más de 100, 150, 200 y más metros de profundidad.

A mediados del siglo pasado, la autoridad del agua a nivel federal decretó que los acuíferos de Querétaro y San Juan del Río estaban sobreexplotados (desde 1957, con algunas modificaciones en los años sesentas y setentas) y los sometió a una veda, es decir, prohibió que se sacara del acuífero una cantidad mayor a la que se extraía en aquellos momentos. Hoy se considera que todos los depósitos de agua subterránea de Querétaro están poco o muy sobreexplotados.

La sobreexplotación trae consigo hundimientos y compacta las capas de sedimentos que contienen el agua, de modo que tardaría mucho en volverse a expandir. Convierte al agua subterránea en un recurso casi no renovable.

En Querétaro se llevan a cabo anualmente reforestaciones, del orden de 10,000 hectáreas o menos, al igual que prácticas de control de la erosión, con énfasis en el Semidesierto y, en mucha menor medida, en la Sierra de Amealco.

Si bien la federación y el gobierno estatal definen zonas prioritarias, supuestamente las más deterioradas o deforestadas, se deja a los propietarios o ejidatarios el proponer predios para las reforestaciones. Muchas veces la respuesta de la gente a las convocatorias es poca, los papeles que se solicitan no muchos los tienen en orden, etc. Es común que la sobrevivencia de arbolitos que alcanzan a ser sembrados sea también muy poca. En fin, no se logran ni de lejos los resultados que se requieren.

A pesar de que nadie, especialistas o funcionarios, negaría que reforestar y restaurar el suelo nos daría una mayor recarga de los acuíferos; a pesar de que nuestras ciudades dependen en gran medida, si no es que en su totalidad, del agua subterránea; a pesar de que hasta el momento las megaobras que se han realizado para darle agua a Querétaro no han dado los resultados que se ofrecían, no se están reforestando las partes altas de las cuencas ni las zonas de recarga de los acuíferos.

Evidentemente, nuestras autoridades tienen mucha confianza en un decreto federal que le tiene reservadas al estado de Querétaro aguas de muy lejos, del desierto y de otras cuencas, que llegaría un año de estos a permitirnos cerrar algunos de los pozos y lograr que el nivel del agua subterránea no descienda tanto, mediante la construcción de tubos larguísimos y enormes gastos de energía para bombear el agua. Y no parecen dispuestos a apostarle a un gran proyecto de reforestación y conservación de suelos para varias decenas de miles de hectáreas en la zona sur del estado (que costaría mucho menos y se puede, se debe hacer al mismo tiempo) para que, a la vuelta de más años que los de un sexenio, de un par de décadas probablemente, lograra equilibrar realmente el descenso del agua subterránea. Ω

bayotenal@yahoo.com.mx

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