Cuando las niñas son obligadas a llevar a término un embarazo…

PREGNANT

Zé Mariano  | Activista.-

En la vida cotidiana de las personas existen diversas actividades, una de ellas son las prácticas sexuales; algunas consensuadas, otras forzadas. En algunas prácticas se usa el condón, en otras no. Algunas tienen un fin reproductivo, otras no. En algunas se produce un embarazo, en otras no.

Cada día hay millones de mujeres que están embarazadas. Mujeres que desarrollan o tienen un proyecto de vida, en el cual puede que esté contemplado el embarazo (en cualquier instante de su vida) o puede que no, así como ejercer o no la maternidad.

Si bien, en la vida sexual de las mujeres se hilvanan comportamientos sociales, religiosos y culturales por cumplir. En el período de la niñez, las prácticas sexuales se consideran inexistentes.

Según datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA, por sus siglas en inglés), América Latina es la segunda región con más maternidad infantil. ¿Por qué hay maternidad infantil?; ¿Por qué hay embarazos en esta etapa de la vida de las mujeres?; quizá será la falta de acceso a los servicios de salud preventivos, a la información y a la educación sobre sexualidades, o porque se obliga a las niñas a casarse, así como tener prácticas sexuales forzadas.

Vislumbremos los contextos en los que se puede dar un embarazo…

En México, según datos del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), “el 20.5 por ciento de los niños y adolescentes mexicanos inicia su vida sexual entre los 10 y 14 años”. Tomando en cuenta este dato, habría que plantearnos deconstruir el prejuicio de que esta población sólo tiene prácticas hasta llegar a un periodo o edad adulta (18 años de edad). La negación de educación y servicios de salud sexual integral incrementa los embarazos y maternidades forzadas. Expone a la niñez a no poder decidir sobre su vida sexual y reproductiva, quebrantando sus derechos.

Ejemplo de la exposición en la que se encuentran las niñas al no tener educación (laica) sobre sexualidades, es el embarazo forzado; además, la repercusión en los aspectos económicos y sociales, generándose menores oportunidades laborales. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en el 2013 se registraron 418 nacimientos, de mujeres (niñas madres) que apenas superaban los 10 años.

Sin embargo, en un país donde el desinterés por los derechos sexuales y reproductivos contribuye a vulnerar a las mujeres, percibiéndolas como incubadoras (ya sea en el contexto cultural y jurídico). Sumemos también los mitos y prejuicios, que tiene como resultado políticas públicas que reprimen el derecho a decidir interrumpir un embarazo, criminalizando y estigmatizado a las mujeres.

Pero, ¿por decidir y/o querer interrumpir su embarazo se les estigmatiza?; sí, aunque las causas que le lleven sea la violencia, la desigualdad de género, las presiones culturales, familiares y de pares para iniciar su vida sexual. Las niñas que han quedado embarazadas requieren apoyo, no estigmas que trunquen su vida.

Ahora, sobre las prácticas sexuales forzadas, ¿cuántas niñas son abusadas o violadas, embarazadas y obligadas a terminar este proceso? Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en 2014, México ocupa el primer lugar a nivel mundial en abuso sexual, violencia física y homicidios de menores de 14 años. Incorporando también que, 1 de cada 4 niñas y 1 de cada 6 niños es abusado sexualmente durante la infancia o adolescencia, según estima la Asociación para el Desarrollo Integral de Personas Violadas (ADIVAC). Si bien, no podemos articular una cifra exacta del número de embarazos que son producto de violaciones, lo que sí sabemos es que el embarazo producto de una violación, causa graves daños a la salud de las mujeres; puede desencadenar una serie de daños psíquicos, emocionales y en lo psicosocial. Sin embargo, incluso cuando las instituciones (de salud y jurídicas) intervinientes en casos de violación están obligadas a brindar acceso total e informar inmediatamente sobre la interrupción, a fin de que la persona tome una decisión libre e informada, sobre practicarse o no un aborto. No lo hacen.

Siendo que, las niñas que quedan embarazadas a los 14 años o menos son más propensas a un parto prematuro, porque su organismo aún no está listo para poder tener o continuar con un embarazo. Se deberían integrar estrategias que posibiliten la erradicación de embarazos no deseados o no planeados, para que la población que se encuentra entre los 10 y 15 años de edad tengan acceso a una vida saludable, digna y con educación enfocada a las sexualidades de forma laica. Debido a que las complicaciones durante el embarazo y el parto son la segunda causa de muerte entre las mujeres de 15 a 19 años en todo el mundo, cuanto más joven es la mujer, mayor es el riesgo de mortalidad para ella.

Por último, en el marco de este contexto, ¿Las niñas/ adolescentes tienen derecho a decidir sobre su maternidad? ¿Qué nos está haciendo falta como sociedad para prevenir estas estadísticas? ¿Dónde queda la educación en las sexualidades? Ω

Referencias.

1) Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (CLADEM). Niñas Madres. Embarazo y maternidad infantil forzada en América Latina y el Caribe. 2016.

2) Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA). Maternidad en la niñez. Enfrentar el reto del embarazo en adolescentes. 2013.

3) Ipas / UNFPA. Atención a víctimas y sobrevivientes de violencia sexual. Lecciones Aprendidas y Buenas Prácticas desarrolladas en los servicios de salud de cuatro países de América Latina: Bolivia, Brasil, Costa Rica y México.

4) Organización Mundial de la Salud (OMS). Manual de práctica clínica para un aborto seguro. 2014.

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