Creedence Clearwater Revival (Canción del sur)

estampa

Rubén Sánchez |  Escritor.-

Para Ángela: por los buenos tiempos de nuestra juventud.

¡Balancéate! ¡Así! Una mano atrás y la otra adelante. –Decía Fernando, mientras se empeñaba en seguir rítmicamente “Especial de Medianoche” de los Creedence Clearwater Revival. -Déjate llevar…

Así.  En el pequeño tocadiscos, giraba el negro acetato de 33 revoluciones por minuto, que había recorrido más de la mitad del contenido. Ya habían bailado ¿Quién parará la lluvia?, Fortunate son, Orgullosa María, Down on the corner, Nacido en Bayou y Campos de algodón, entre otras. Era una noche de diciembre del año 1973. Días antes ella le había invitado a una fiesta, por San Ángel, justo detrás del Parque de la Bombilla, donde aún se exhibía el deforme brazo del General Obregón. Con coquetería, su novia, con ese brillo especial de sus ojos cafés, la sonrisa que dejaba ver sus grandes dientes blancos y resaltaba su lunar iluminando su rostro, le había pedido llevara unos amigos con quien bailar, pues en donde vivía era una casa de asistencia para mujeres. Por ese motivo invitó a los amigos de la Prepa, los citó en el parque,  al sur de la ciudad de México, en donde los esperó dos  horas con los discos bajo el brazo, sin que nadie llegara. Por fortuna, pasó Fernando con cinco acompañantes y fue con esos recién estrenados amigos con los que acudió a la fiesta a aprender a bailar “Midnight special”, lo cual por cierto, nunca consiguió.

Los Creedence era un grupo de cuatro integrantes, pero que hacían un ruido bárbaro. John Fogerty era el solista; su hermano Tom, guitarrista; Stu Cook en el bajo  y en la batería estaba Doug Clifford. Habían tocado en el festival de “Woodstock”, cerca de Nueva York en 1969, pero al final, cuando ya nadie hacía caso de la música y se habían entregado a otras diversiones que caracterizaron al movimiento “hippie”, en lo que fue configurando una revolución social que en poco tiempo modificó costumbres, educación y modos de ver la vida en todo el mundo. En México, se replicó con toda su carga cultural, en el “Festival de rock y ruedas” de Avándaro, Valle de Bravo, el año de 1971, en donde tocó el eterno Alex Lora del “Tri”, en el aquel entonces del “Thre Souls in my mind”. Poco después vinieron parvadas de gringos para montarse a la Sierra de Huautla, Oaxaca, buscando los hongos de María Sabina.

Los Creedence, ciertamente eran un poco tardíos, años después de Elvis Prestley y “Los Beattles” y desde muchos puntos de vista era el inicio del llamado “rock pesado”, ya no tan bailable y si con una enorme veta de crítica a los momentos históricos que se vivían en su país de origen, como la guerra de Vietnam y la lucha por los derechos civiles de la población de color. Su música, era de toma de conciencia contra la guerra y a favor de los derechos civiles.

El rock, se convirtió en el medio de difusión ideal, ya que incorporaba reminiscencias de los cantos que  los esclavos negros entonaban en las fincas algodoneras, antes y después de la Guerra Civil de los Estados Unidos en el Siglo XIX, que llevó a cabo Abraham Lincoln, aboliendo la esclavitud y que cien años después seguía siendo un enorme problema con la negación de la integración racial. La población de color no podía concurrir ni a las escuelas ni restaurantes ni camiones en donde hubiera caucásicos. El rumbo de la lucha por los derechos civiles transitó por el pacifismo de Martin Luther King, al camino de la violencia, sobre todo con los encapuchados del Klan, Malcolm X y los Panteras negras, que al parecer, al final de los setenta fueron infiltrados por la CIA y el FBI, para desarticularlos y utilizarlos como pioneros en el trasiego de las drogas, que en el momento actual son el mayor problema de los Estados Unidos, con su enorme consumo; de México, en el afán de los cárteles de apropiarse de los mercados y las rutas de ese tráfico, con su incontable número de muertos, que en el sexenio calderonista fue retratado macabramente por Luís Estrada en la película “El infierno” en el año 2010. Escenario incrementado consistentemente con Peña Nieto. A México en 1968, con los juegos olímpicos, llegaron los “Panteras negras”, que luchaban por los derechos civiles de la población de color. Se identificaban cuando en el pódium, al recibir alguna condecoración, levantaban el puño derecho cubierto por un guante negro. En abril de ese mismo año, había caído asesinado Luther King. Tres años antes, en 1965, había caído Malcolm X y en 1963 había sido asesinado, en Dallas, Texas, John F. Kennedy y para cerrar ese círculo macabro, en junio del sesenta y ocho, Robert Kennedy también había caído. En ese entonces el sueño de Luther King, distaba mucho de ser realidad.

Por la noche terminó la fiesta, ya muy tarde para abordar camiones o el metro, que hacía cuatro años había inaugurado Díaz Ordaz, de triste memoria. Sin más disyuntiva, aceptó la oferta de Fernando para dormir en un molino en Coyoacán. Sobre las duras costuras de las arpillas de maíz, poco a poco se fue quedando dormido.

Entre sueños, el ritmo de “Midnigth Special”, le fue dejando entrever que era una vieja tonada que escuchó en una película de Disney, producida a mediados de los cuarenta, llamada “Canción del Sur”, en donde ciertamente tratan de forma idílica la esclavitud de los negros, sobre todo en una escena en la cual una cuadrilla de esclavos camina por una vereda entonando precisamente esa vieja tonada. Sin embargo, derrama ternura con los cuentos del “Tío Remus”, que interpretó James Basket, quien no pudo acudir al estreno, en Atlanta, por la discriminación racial, muriendo dos años después. En tanto la actriz de color, Hattie Macdaniel, ya había obtenido un Óscar por su papel en “Lo que el viento se llevó”, con Clark Gable y Vivien Leigh en 1940. Macdaniel falleció el año de 1952, seis años después de interpretar en Canción del Sur a “Tía Blanca”.

Recostado sobre los duros costales de maíz, la tonada de “Midnight special” no le dejaba dormir ni tampoco la blanca luz de la luna que se filtraba por una pequeña ventana, que parecía traducir la música de los Creedence: “Te despiertas en la mañana/oyendo la campana del trabajo/ y en marzo sobre la mesa ves las mismas cosas/ no hay comida sobre la mesa y no hay tocino en la sartén/ pero mejor no te quejes muchacho o te meterás en problemas/… Deja que la luz especial de medianoche brille sobre mí…”

Por fin concilió el sueño y durmió, como decía el Tío Remus, “Má’ que satisfecho”. Ω

sanchez50ruben@gmail.com

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