Casa, vestido y sustento, ¿Cómo medir el bienestar?

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Enrique Kato | Economista.-

¿Dinero o amigos? Para medir el desarrollo de una sociedad se siguen proponiendo nuevos indicadores. Por mucho tiempo los economistas únicamente aportamos al análisis social el ingreso promedio por habitante (o PIB per cápita); aunque éste ha sido muy útil, no reporta ningún aspecto de desigualdad. Su metodología proviene de mediados del siglo XX y no fue elaborado para medir el desarrollo, sino para evaluar la cantidad de producción. Recientemente se publicó el índice Para una vida mejor (www.oecdbetterlifeindex.org), el cual ya no utiliza un único indicador sino once diferentes, entre los que se encuentra la red de apoyo social; es decir, el número de amigos en quienes se puede confiar. Los autores de este indicador, quienes trabajan en París, justifican el uso del número de amistades como un componente de desarrollo. El fundamento radica en que “el tiempo que pasamos con los amigos está vinculado con un aumento de sentimientos positivos” y, en contraste, “contar con una red social débil puede limitar las oportunidades económicas, el contacto con otras personas y, en última instancia, provocar sentimientos de aislamiento”.

Las perspectivas respecto a los indicadores de desarrollo han cambiado sustancialmente. Antaño, el ingreso por habitante reportaba cierto nivel de desarrollo material para un colectivo social, por ejemplo en una región o en un país; ahora el índice con múltiples variables intenta medir de forma más directa el bienestar de los individuos, a través de la recolección de datos por medio de encuestas para que los entrevistados autodeclaren su bienestar subjetivo. Además de la red de apoyo social, también se recoge información sobre la satisfacción ante la vida. Se pide a los entrevistados que califiquen su satisfacción general ante la vida en una escala del 0 al 10, aclarando que no se trata de sus sentimientos actuales, sino de su vida en conjunto. La calificación de los mexicanos en este indicador es de siete en la escala de 10, lo que posiciona al país por encima de Corea, Japón e Italia, pero por debajo de Austria, Brasil y Alemania. Los líderes mundiales en satisfacción ante la vida, como en otros indicadores, son Noruega, Suiza, Islandia y Dinamarca con una nota de 10 en la escala 10.

Ocho horas de trabajo, ocho horas de esparcimiento y ocho horas de sueño: Robert Owen

El deterioro de las condiciones laborales es una preocupación constante de las sociedades modernas. Un amigo que trabaja a bordo de un crucero oceánico me contó de una nueva barra de bebidas, de las varias barras que existen en el barco, en donde no hay humanos que atiendan sino brazos robóticos que tiene la precisión y la destreza para atender a los turistas exigentes. El atractivo de los robots reduce el costo laboral, incluyendo prestaciones, y pueden trabajar jornadas de 24 horas. Varios estudios han detectado qué empleos son los más propensos a desaparecer para ser automatizados por máquinas. El balance es negativo puesto que las innovaciones tecnológicas, aunque generarán nuevos tipos de empleo, también harán desaparecer un mayor número de nuevas contrataciones.

Muchas personas con edad suficiente en México recordarán que la década de 1980 trajo al vocabulario de la población el concepto de economía informal. Aunque hoy el término informalidad es de uso común, en esos años en los medios públicos por primera vez se discutía qué debía entenderse por empleo informal y cuáles eran sus causas. Al paso de los años se han acuñado otros conceptos como subcontratación o empleo precario y, en oposición, la Organización Internacional del Trabajo postula la necesidad del trabajo decente que, entre otros atributos, lo define como: la oportunidad de acceder a un empleo productivo que genere un ingreso justo. Si bien los indicadores de desarrollo toman en cuenta el monto de ingreso tanto de los trabajadores, como el de las familias, una característica nueva es la discusión cada vez más amplia del concepto de equilibrio entre trabajo y vida personal.

Hay dos cosas en la vida que todos quieren tener, unos van tras el dinero, otros van tras el placer: El Tri

A la par de varias tendencias negativas como una desigualdad creciente o la dificultad para hacer crecer el poder de compra de los salarios, ha venido en aumento el número de artículos académicos sobre aspectos relacionados al equilibrio entre trabajo y vida personal (work-life balance). El buscador especializado Google Scholar contabilizó 16 mil artículos publicados entre los años 2000 y 2005, el número aumentó a 24 mil durante los siguientes cinco años y en el lustro de 2010 a 2015 sumaron 26 mil textos académicos que discutieron sobre esta materia. El objetivo es que las personas logren combinar con éxito el trabajo, los compromisos familiares y la vida personal en beneficio de los miembros de una familia.

No parece coincidencia el creciente interés en el desarrollo personal y la incorporación laboral de la generación del milenio (o millennial), quienes nacieron entre 1980 y 2000. A diferencia de las generaciones previas donde el éxito profesional era un rasgo sobresaliente y deseable, se asume que para la generación milenial sobresalir en el trabajo es parte de un  conjunto más amplio de aspiraciones, por ello la necesidad de flexibilidad en el horario laboral y el deseo de una organización más horizontal (equitativa) en los equipos de trabajo. Algunos estudios destacan, así mismo, la necesidad de retroalimentación, el reconocimiento constante a los trabajadores, pero también que exista prestigio de la organización o empresa y permanente ambición para emprender nuevos proyectos retadores. A decir de los estudios sobre la generación del milenio, los espacios de trabajo se transformarán profundamente en la medida que se vayan retirando las personas de generaciones previas y los milenial vayan conformándose como mayoría.

Contrario a lo que comúnmente se desearía, la realidad que nos toca vivir no es una de exceso de tiempo libre o condiciones laborales flexibles. En buena medida la realidad de México es una donde el que trabaja más horas obtiene un ingreso mayor. Por ejemplo, el salario reportado de los trabajadores de Puebla, Querétaro o Aguascalientes es mayor que el de Yucatán, donde la jornada semanal suma 40 horas aproximadamente. En el caso de Puebla, la semana de trabajo tiene 42 horas y en las otras entidades federativas el mayor salario se debe, en cierta medida, a las largas 45 horas laboradas en una semana normal. Los estudiantes de economía aprenden desde los primeros días de clase que existen dos recursos escasos: el tiempo y el dinero. No se trata únicamente de que más horas de trabajo reduzcan el tiempo libre.

El tiempo vale más que el dinero, así que gástalo con sabiduría

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos destaca que la cantidad y la calidad del tiempo libre son importantes para el bienestar general de las personas y puede generar beneficios adicionales para la salud física y mental, a la vez que un horario de trabajo largo puede resultar perjudicial para la salud personal y aumentar el estrés. En el índice para una vida mejor se utilizan dos estadísticas disponibles para medir el equilibrio entre trabajo y vida personal, que son: 1) el porcentaje de trabajadores que laboran más de 50 horas a la semana y 2) el tiempo destinado al ocio y al cuidado personal.  De una muestra de 36 países, muchos de ellos de ingreso alto, México aparece entre los tres últimos lugares, dado que tres de cada 10 personas en el país labora más de 50 horas a la semana y dedica menos horas al esparcimiento y al cuidado personal respecto a otros países.

A diferencia de lo que ocurre en el comparativo de las regiones en México, en la que una mayor jornada de trabajo puede convertirse en mayor ingreso, la comparación que se ofrece en el índice para una vida mejor no muestra la misma tendencia. En el contexto internacional, las estadísticas de México muestran que un porcentaje alto de personas está laborando largas jornadas y que los ingresos de las familias mexicanas son de los más bajos, equivalentes a los de Estonia, Turquía, Brasil y Hungría. Es importante señalar que el ingreso no corresponde únicamente al salario; en él también se incluyen los beneficios de aquellos que trabajan en su propia empresa, los ingresos provenientes de propiedades (dividendos, intereses y rentas) y las pensiones por jubilación, por lo cual el ingreso representa el dinero total del que dispone una familia para gastar en bienes o servicios. Siempre recuerda que eres absolutamente único, al igual que todos los demás.

Un indicador de desarrollo poco conocido que toma en cuenta las disparidades de ingreso de una sociedad es el Índice de Desarrollo Humano ajustado por la Desigualdad (IDH-D), que elabora el Programa de Naciones Unidades para el Desarrollo (PNUD). Este índice combina los logros de un país en los ámbitos de la salud, la educación y los ingresos. Lo interesante es que el valor de cada dimensión depende del nivel de desigualdad del país. Se asume que la desigualdad implica un costo para el desarrollo humano. En el caso mexicano, el IDH-D resulta 20% menor que el Índice de Desarrollo Humano (IDH). Entre los economistas, el debate sobre cómo reducir la desigualdad oscila entre quienes proponen un sistema fiscal (progresivo) que recaude más impuestos en las esferas de alto ingreso y quienes proponen un nivel mínimo de bienestar para toda la población, a la par de una mayor movilidad social que rompa con el flagelo de que un niño nacido en una familia pobre necesariamente será un adulto pobre.

Incrementar el salario mínimo es un mecanismo para proporcionar un mayor nivel de bienestar a la población. Las regiones que tienen mayores capacidades están en la posibilidad real de desligar su salario mínimo de la baja cantidad establecida por la comisión nacional y proponer un mayor monto de salario mínimo acorde al costo de vida en sus entidades federativas y a presuntos niveles locales de desarrollo. En el abanico de propuestas, los economistas también han propuesto un ingreso básico (mínimo), esto es, que cada ciudadano reciba un ingreso independientemente de si trabaja o no y del patrimonio personal. A pesar de los inconvenientes, este mecanismo de ingreso universal tiene más beneficios que costos. Es una propuesta que sigue vigente en los debates dada su capacidad para redistribuir con justicia la riqueza social, al tiempo que contribuye a mejorar el bienestar de los grupos sociales menos favorecidos. El ingreso básico debería ser parte de las estrategias de todos aquellos que promueven una sociedad del conocimiento porque incentiva una mayor educación y el surgimiento de emprendedores sociales y tecnológicos mejor preparados. Ω

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